Los prejuicios en la Psiquiatría

Por el Dr. Juan Canitrot. Muchas veces el paciente se deja llevar por conceptos erróneos en cuanto a la psiquiatría y su práctica, los cuales retrasan generalmente la consulta y prolongan el padecimiento emocional que el mismo está teniendo

En mi profesión de médico psiquiatra a menudo debo tratar de aclarar una serie de prejuicios y miedos que traen los pacientes en relación a la especialidad. Estos temores son diversos y se basan en la imagen oscura que tiene buena parte de la sociedad sobre la psiquiatría, la cual es vinculada frecuentemente con el tratamiento de “los locos”, poniendo en este lugar a lo más temido y excluido de nuestra sociedad. Estos prejuicios se acrecientan generalmente a partir de una serie de opiniones a las que el posible paciente se ve expuesto, las cuales generalmente provienen de personas cuyo desconocimiento en la materia es mayúsculo pero que sin embargo se sienten muchas veces con autoridad de dar definiciones tajantes sobre la psiquiatría y su práctica. Es por ello que me decidí a escribir este artículo, ya que pienso que la persona que está pensando en realizar una consulta psiquiátrica debe tener la información más exacta posible sobre la especialidad. Obviamente soy plenamente consciente de que cualquier opinión, incluyendo la mía, tiene una buena dosis de subjetividad. Sin embargo, me parece importante apuntar a los temores más cotidianos de los pacientes, esos que se escuchan una y otra vez en la práctica de la psiquiatría.

En primer lugar, debo aclarar lo que a esta altura es obvio: los médicos psiquiatras no somos “médicos de locos”. Yo siempre digo que si atendiese únicamente pacientes psicóticos, lo que la gente llama despectivamente “locos”, me tendría que dedicar a otra especialidad para sobrevivir por el bajo número de pacientes que atendería. En mi práctica, y en la de cualquier psiquiatra en general, los pacientes psicóticos seguramente representan menos del 20% de la totalidad de los pacientes. Del resto, la mayoría son pacientes con trastornos de ansiedad y/o depresión, los cuales generalmente están en mayor o menor medida asociados y que representan la inmensa mayoría de los pacientes que llegan al consultorio. Los trastornos de ansiedad, entre ellos el tan mencionado últimamente trastorno de pánico, constituyen un emergente de las tensiones a las que todos nos vemos sometidos en la sociedad actual, la cual con sus exigencias a nivel familiar, económico, laboral, académico, etc. lleva a menudo a este tipo de padecimientos.

En segundo lugar, es frecuente en el imaginario colectivo ver al médico psiquiatra como un personaje tenebroso, quizás con una jeringa en la mano, dispuesto a “dopar” a sus pacientes. Muchas veces el paciente me ruega que no lo haga dormir todo el día con la medicación que  le indico, como si esa fuera mi intención. Hay que aclarar entonces que el tratamiento de la gran mayoría de los trastornos psiquiátricos no solo no apunta a ese fin  sino que, por el contrario, intenta que el paciente pueda hacer una diversidad de actividades cotidianas que se ven a menudo afectadas por los síntomas depresivos y/o ansiosos que el mismo generalmente padece.

En tercer lugar, es importante dejar en claro que la medicación es una de las tantas estrategias de tratamiento que tiene un médico psiquiatra a su disposición, pero de ningún modo la única. El paciente necesita ante todo ser escuchado y el médico, cualquiera sea su especialidad, debe estar para escuchar, siendo esta función más importante aún en esta especialidad. Un tratamiento que se base únicamente en la administración de una medicación psicofarmacológica está destinado al fracaso porque deja de lado a la persona y se limita a tratar un síntoma, sin ni siquiera tratar de entender de donde proviene el mismo.

En lo referente a la medicación propiamente dicha, son muchos los temores que la misma suscita. Sin embargo estos temores no se correlacionan con la realidad. La mayoría de los fármacos utilizados en la psiquiatría, sobre todo las medicaciones para el tratamiento de la ansiedad y la depresión, son medicaciones relativamente seguras, y si bien tienen efectos adversos como cualquier medicación (incluyendo las medicaciones homeopáticas y de venta libre), estos son poco frecuentes e irrelevantes en la mayoría de los casos. A diferencia de lo que la gente cree, es sumamente infrecuente que este tipo de medicaciones genere situaciones de riesgo para la salud de quien los recibe, no habiendo experimentado en mi práctica médica de más de diez años en la especialidad ninguna situación en la cual se haya generado un inconveniente significativo en la salud de un paciente. Un capítulo aparte lo merecen los ansiolíticos, las medicaciones para tratar los trastornos de ansiedad. Este tipo de medicaciones, cuyas marcas más notorias (Alplax, Rivotril, Lexotanil, Trapax, Valium, etc.) son conocidas por buena parte de la población, están asociadas generalmente a una mala imagen por sus altos niveles de abuso y automedicación y por cierto riesgo de generar actitudes de dependencia hacia las mismas. Sin embargo, cabe aclarar que cuando se utilizan bajo una prescripción de un médico psiquiatra con un fin específico y de forma responsable, los beneficios obtenidos pueden ser significativos y el nivel de complicaciones muy bajo. Los problemas se generan cuando la persona tiene actitudes adictivas previas o toma la medicación como la panacea a todos sus problemas. Asimismo, y en relación a la medicación, surge muchas veces la creencia de que si uno recibe la misma no solo no va a poder abandonarla sino que va a verse obligado a aumentar la dosis paulatinamente con la edad. Esto no es así, ya que muchas veces este tipo de medicación se emplea por un motivo específico y, cuando es necesario utilizarla por tiempos más prolongados, ello no se asocia generalmente a un aumento en la dosis.

Otra cuestión que se plantea en la entrevista es una contraposición, a mi criterio inexistente, entre el tratamiento psiquiátrico y el tratamiento psicológico. En realidad el tratamiento psicológico y el psiquiátrico muchas veces se pueden complementar, y de hecho eso es lo deseable en  esos casos. El hecho de que el paciente esté tomando medicación psicofarmacológica no imposibilita ni obstruye la realización de un tratamiento psicológico. Es más, muchas veces el cuadro depresivo hace que el paciente no tenga iniciativa para llevar adelante ciertos cambios personales. En esos casos, la medicación puede contribuir a que la persona logre una mayor iniciativa  que derive en que la misma pueda llevar a cabo cambios personales planteados en su tratamiento psicológico.

Este ha sido sólo una descripción de algunos de los prejuicios más notorios que trae el paciente a la consulta. Hay muchos más y describirlos uno por uno excede el propósito de este artículo. Lo importante a tener en cuenta es que muchas veces el paciente se deja llevar por conceptos erróneos en cuanto a la psiquiatría y su práctica, los cuales retrasan generalmente la consulta y prolongan el padecimiento emocional que el mismo está teniendo.

Dr. Juan Canitrot

 

 

 


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