|
Haydee martinez, jueza de paz
«Tengo un juzgado de puertas abiertas»
Haydeé Martínez nació en la ciudad de Cañuelas. Hija de docentes, cursó los estudios primarios y secundarios en escuelas públicas. Posteriormente, se recibió de maestra en la escuela Estrada. Luego, por consejo de su padre y sintiendo ella misma vocación hacia las humanidades y ciencias sociales, eligió estudiar abogacía y comenzó la carrera en la Facultad de Derecho de La Plata, recibiéndose en 1966. Ya con el título debajo del brazo, empezó a trabajar en Cañuelas. Paralelamente al inicio de su carrera, fue profesora, dictando cátedras relacionadas con derecho en la escuela industrial y en la escuela Estrada. También se desempeñó en la municipalidad de Lobos como abogada en el área de cobro de impuestos y a los cinco años de egresar abrió un estudio propio. Ejerció de abogada durante 32 años hasta que asumió como magistrada en el juzgado local.
-¿Cómo surgió la posibilidad de asumir como jueza en esta localidad?
-En primer lugar, me resultó interesante la posibilidad de insertarme en el trabajo judicial y a través del Consejo de la Magistratura que abría a concurso el cargo de juez de paz letrado en Cañuelas, me anoté e hice el curso de preparación. Aprobé el examen de ingreso y de esta manera fui designada jueza. En julio se van a cumplir diez años desde que asumí como tal.
-Refiriéndonos al ámbito social local, ¿cuál es la mayor problemática que afronta el juzgado?
-En los últimos años hemos notado un incremento muy alarmante con el tema vinculado a la violencia familiar, a los divorcios, a todas las secuelas dolorosas que traen estas situaciones a los hijos. Además, tratamos regímenes de visita, juicios de alimento, demandas de tenencia, exclusiones del hogar del esposo por violencia y también problemas vinculados a la adicción.
- ¿Qué piensa de la posible legalización del consumo de drogas?
-Creo que es un poco peligroso decretar por ley que no sea punible el consumo. Esto puede dar paso a que los traficantes inventen estrategias para conseguir que sus vendedores digan que son consumidores y que se haga más preocupante y más doloroso el flagelo de la droga. Me parece que es más prudente dejarlo al criterio judicial y que, examinado el caso particular, se determine si se sanciona o no el consumo. Asimismo, hay que tener en cuenta que la adicción es un problema que se hace muy patente y muy doloroso en las clases más pobres y que es la puerta de acceso al delito.
Haydé asegura tener vocación por su trabajo y explica que concibe a la justicia como «una función de servicio a la comunidad».
La justicia de paz letrada fue creada hace 30 años y les permitió a las personas (y sigue haciéndolo) acceder más directamente a la justicia. Respecto a la creación de tal institución, la jueza cañuelense la considera un avance. No obstante, recalca que existe un problema: Se ha ido ampliando la competencia de esta justicia pero no se la dota de los elementos que necesita para cumplir mejor su misión. «Se nos entrega, por ejemplo, competencia en violencia familiar y se nos habla de requerir diagnósticos psicológicos pero no tenemos el requerido cuerpo técnico en el juzgado que posibilite esa función. Tampoco contamos con psicólogos ni médicos. Sucede que, a veces, las leyes están como dibujadas y carecen de los mecanismos necesarios para su aplicación», aclara.
- En estos diez años que ejerció de jueza en Cañuelas, ¿vio la situación empeorar con respecto al entorno social?
- En materia de la violencia familiar, sí. Estamos en un proceso de destrucción de vínculos familiares, de conflictos familiares cada vez más agudos. Alrededor del 50% del trabajo del juzgado de Cañuelas se vincula con la problemática familiar.
Así como muchos de los juzgados no cuentan con las herramientas necesarias, sucede lo mismo con respecto a los servicios de infancia (encargados de ayudar a niños con problemas asistenciales derivados de la pobreza y violencia, y fomentar un fortalecimiento del rol de la familia) que están instalados a nivel provincial pero no comunal. «En nuestro partido de Cañuelas tenemos la ordenanza para instalar un servicio de infancia desde hace más de un año pero no existe. Hay una ordenanza que prevé que existan psicólogos, asistentes sociales y médicos pero no está», se lamenta la doctora Martínez. Y añade que el chico no puede ser solamente tratado en un centro sino que «hay que atacar la raíz del problema que es la familia», convencida de que el origen de este desajuste es la crisis educativa que impera en el país y que hace falta inversión en la educación para, a partir de allí, establecer la base para una modificación de la sociedad. «La educación es la mejor herramienta para un cambio social y no se le da la importancia que tiene», concluye.
-¿Qué aspectos se optimizaron del espectro judicial local?
-Creo que la justicia de paz letrada ha mejorado porque, por ejemplo, contamos con un servicio gratuito para la gente que no puede costear un defensor oficial. Todos los días tenemos un abogado que atiende gratuitamente. El juez es la cara visible de la justicia y tiene que estar cerca de la gente. Tengo instalada en mí juzgado una modalidad: Dos veces por semana, durante 1 hora y media, recibo a las personas que quieran hablar conmigo y que se anotan para hacerlo. Yo brego porque la justicia esté en contacto con el pueblo. Tengo un juzgado de puertas abiertas, es decir, soy accesible a la consulta de los particulares y de los letrados e impulso mucho la celebración de audiencias en donde están las partes, los abogados y el juez y allí se plantea el problema, se dialoga y se trata de encontrar una solución conciliatoria que muchas veces es económica procesalmente.
-¿Considera que Cañuelas está «mejor» socialmente en comparación a otras ciudades?
-Sí, está mejor posicionada. Existen todavía muchas ONGs y hay mucha vocación de trabajo social. Yo siempre digo que me enorgullezco como cañuelense de ver cuantas instituciones han surgido de la acción comunitaria y solidaria, tales como el comedor escolar Juan XXIII, la biblioteca popular, los bomberos voluntarios, el hogar Santa María del Rosario y el hogar Madre Teresa, entre otros.
-Después de tantos años de ejercer, al principio como abogada y después de jueza, ¿todavía conserva la vocación que sentía al inicio de su carrera?
- Sí, me gusta mi trabajo. Ahora yo digo que estoy del otro lado del mostrador, es decir, tengo una visión más amplia. No soy el abogado de una parte sino que soy la jueza que trata de componer dos partes y tengo vocación por la labor que realizo. Frente a los problemas que se plantean, uno tiene un sentimiento de compasión porque generalmente nunca hay un solo culpable en el conflicto sino que hay una multitud de causas. Tengo una mirada compasiva y de impotencia frente a esas situaciones que una justicia realmente equitativa podría evitar pero uno no es legislador ni tampoco gobernante. Actualmente, hemos conformado un equipo de 8 personas en el juzgado. Todos trabajamos en un clima de compañerismo, de respeto mutuo y da gusto hacerlo de este modo.
Publicado en la edición impresa Nº 153 del 2 de mayo de 2008
|