MALENA Y LEANDRO - HIJOS DE ESTEBAN REIMER (desaparecido por la última dictadura militar)

«Una maestra
dijo una vez que los desparecidos estaban paseando en Europa»

En la madrugada del 5 de enero de 1977, cuando Esteban Reimer fue secuestrado, Malena tenía un año y María Luján Ramos llevaba en su panza a Leandro. No tienen recuerdos de él, pero vivieron marcados por la vida de un hombre que pagó con la suya la valentía de comprometerse y luchar como delegado gremial en la fábrica Mercedes Benz, en la época de la dictadura militar. ¿Cómo es ser hijo de un desaparecido en Cañuelas? Es la primera vez que Malena Reimer da una nota, la segunda vez de Leandro. En ella, dan testimonio de sus vidas, de la inagotable lucha de Maruca –su mamá-, y de una época de apertura, que los llena de esperanzas.

-¿En qué momento recuerdan haber tenido conciencia por primera vez de lo que pasó con su papá?
Malena: -Yo de muy chica. Porque ya desde chiquita acompañaba a mamá a las marchas y manifestaciones. Volvíamos tarde, como a la una de la mañana.
Leandro: -Mamá en ningún momento tuvo una actitud de esperar «a ver cómo se los digo», de entrada nos mostró la verdad, la realidad como era, de una. No sé si llegábamos a entender del todo, pero nos manejábamos con la verdad.
Malena: -Yo me acuerdo que el conflicto grande que tenía, pasaba porque la situación que nosotros vivíamos todos los días, de ir a manifestaciones, o estar en contacto con otra gente que pasaba por situaciones parecidas a las nuestras, era diferente, como una realidad paralela a la que vivía en la escuela, en las casas de otras familias, donde el tema directamente no se hablaba nunca.
Leandro: -También era raro que se animaran a preguntarte tampoco, por ahí les daba no se qué. Las veces que te preguntaban te dabas cuenta que la gente se ponía incómoda.

-¿Cómo se manejaban en esas situaciones, cuando les hacían preguntas? ¿Cómo expresa un chico de cinco o seis años una cosa así?
Leandro: -A esa edad, las preguntas no eran muy profundas, igual. Eran más como para chusmear, la gente quería saber cómo había sido, como se lo habían llevado, esas cosas.
Malena: -(le habla a Leandro) Pero eso era cuando ya eras más grande. Yo encontré el otro día un cuaderno tuyo de cuarto grado, donde la maestra te ponía de consigna «Le pregunto a mi papá…», ¿me vas a decir que la maestra no conocía la situación de él?. Esos detalles no se cuidaban en la escuela.
Leandro: -Una vez, en el colegio, no sé por qué salió el tema en el aula, de cómo había sido la época de los militares. Mi maestra, el hijo era militar, dijo en el salón que los desaparecidos estaban paseando por Europa. Aunque lo piense, no lo podía decir. Yo en ese momento me sentí mal, pero no pude decir nada.

-¿Les pasó alguna vez de entrar en crisis, de plantearse si todo lo que sabían sobre el tema era cierto?
Leandro: -No, eso depende de la situación. En nuestro caso no tenemos dudas de identidad, pero hay muy pocos casos de familias en donde desapareció uno solo, y quedó la familia igualmente constituida. La mayoría de las veces se llevaban a la pareja, y los chicos iban a parar a cualquier lado. Lo único que nos preguntamos siempre es qué pasó con mi viejo, dónde terminó, si estuvo mucho tiempo vivo o lo mataron al toque.
Malena: -Recién ahora podemos tener algunas certezas sobre esos temas. En su búsqueda, mamá ayudó a esclarecer qué pasó con un montón de gente, pero hace muy poco que sabemos más o menos que pasó.
Leandro: -La persona que más sufrió todo esto, la que más cordura tuvo que tener para salir de esto fue mi vieja. A nosotros nos contaron la historia, y cuando eso ya pasó tuvimos un contacto con la gente, que nos dice «tu padre era bueno», o cosas así. Pero mi vieja tuvo que vivir con gente que le dio la espalda, que no la acompañaron la luchar por saber dónde estaba su marido. Ella tuvo la entereza para además cuidarnos a nosotros, criarnos sin resentimientos, y ser una persona positiva.

-Hoy la sensación es que hay un consenso general de repudio a lo actuado por la dictadura militar, y de reconocimiento a gran parte de la militancia de los setenta. Pero no siempre fue así…
Leandro: -Es que hoy se vive un momento histórico en ese sentido. Todo se ve más claro, hay información, ya no hay miedo. Hay un gobierno que se preocupa por que esa información se transmita. Hoy avanza esa cuestión de saber que fue lo que pasó, antes era un tema medio tabú. También es cierto que a veces el tema se utiliza políticamente. Hay que hablar del tema porque está de moda, y se hacen actos por los derechos humanos a veces nada más que para llevar gente. Uno corre el riesgo de sentirse usado, a veces. Es un hilo delgado, uno tiene que mantener el equilibrio, y ver si es bueno igualmente aprovechar esas oportunidades para dar testimonio, porque el testimonio sirve.

-¿Qué actitud tienen hoy con la gente que piensa diferente? ¿Qué harían hoy con esa maestra si se diera la situación?
Malena: -Mamá me cuenta que cuando le pasa algo así, se enfurece. Yo siempre le digo que si hacés eso caes en la misma actitud que ellos. Que hay que dejar que cada uno piense lo que quiere, y que exponga los argumentos. No podés salir a la calle y pretender que todos piensen como vos. Nunca me enojé cuando me pasó algo así. Esperé el momento para hablarlo, me siento con autoridad para eso. Pero las cosas van decantando, y se muestran como son, y creo que coinciden mucho con lo que nosotros pensamos.
Leandro: -Una mentira puede ser muy grande, pero en algún momento la verdad está por encima de todo, y al final salta a la vista, y si la querés ver la ves y si no la querés ver sos libre de no verla.
 

Publicado en la edición impresa Nº 95 del 21 de marzo de 2007.

 

 

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