Luis Balbo/ Decidor criollo

"Lo mejor es el cariño de la gente"

Luis Balbo nació en Capital Federal, pero ya tenía en su destino vivir en Cañuelas, adonde llegó antes de cumplir el año cuando sus padres vinieron desde la localidad de Rojas a radicarse aquí. Decidor criollo, hacedor de versos, actor vocacional, animador, productor y conductor de radio, son las múltiples facetas de un hombre que siente y defiende la cultura y el tradicionalismo.

-¿Cuándo descubrís tu vocación por lo artístico?
- De muy chico, siempre me gustó. Con nosotros vivía un tío hermano de mi papá y él era todavía más folclorista que papá. Escuchaba a los payadores y a Miguel Franco en “Un alto en la huella”. Entonces yo me iba a dormir a la pieza del tío porque me gustaba escuchar temprano a los payadores y a la tardecita a Miguel Franco. Creo que desde ahí fui viviendo todo lo lindo del folclore.


- El trabajo en el campo habrá sido gratificante.
- Claro. Tenía la necesidad de trabajar en el campo, porque quería estar cerca de las  cosas que me gustaban y no conocía de primera mano. Yo empecé a trabajar de chiquito de lo que conseguía: canillita, lavacopas, y a los 15 me salió una oportunidad para entrar en la estancia La Primavera. Me tomaron para hacer un reemplazo por unos días en el año 73 y estuve 14 años, incluso me casé allí. Luego trabajé en otros campos y ahora hace unos años que he vuelto al pueblo. Y a pesar de que en el campo siempre hay mucho trabajo, es una vida que da el espacio para la creación y la inspiración a través de la observación de las actividades diarias.


- ¿Te acordás cuándo empezás a escribir?
- Escribir, escribí muy poco. En realidad los elaboro en la mente y luego los archivo en la memoria. Con mi suegro, Isidoro Lamezar, mientras hacíamos el tambo íbamos contándonos situaciones que sucedían en la estancia, en el tambo, y a través del verso elaborábamos unas décimas de lo que le había sucedido a fulano: ponele que le corcoveó el caballo a tal paisano y hacíamos la historia en verso. A la sombra de don Isidoro me hice al verso criollo. Uno de los primeros se lo hice a mi papá.


- En tus décimas hay mucho de lo cotidiano.
- Sí, claro. Pienso en la gente, en las historias, en las cosas del campo: un trabajo, una herramienta. Es buscarle a la situación con imaginación para contarla, y que además de lo que sucede la gente lo perciba agregando lo de uno pero sin desvirtuarla. Eso es lo personal que permite reconocer el verso.


- ¿Cuándo comenzás a presentarte?
- Yo me había integrado al Centro Tradicionalista El Potro. Un día voy a una fiesta que organizaban y como había gente que me conocía de reuniones íntimas y amigos, me pidieron y dije algo al final. Otra de las primeras fue en la primera jineteada de Las Rosas, me lo pidió Ronaldo Urrutti; él me recalcó que lo hacía bien, pero que iba muy apurado, que le diera tiempo a la gente para que disfrute y digiera el verso.


-También incursionaste en el teatro.
- Sí, ya tenía la idea desde que estaba en el campo. Cuando vuelvo me incorporo al grupo de teatro de Zully Moreno, gracias a Dios fue una muy buena experiencia. Tuve una intervención cuando presentaron Juan Moreira y seguí por un largo tiempo, hasta que por razones laborales tuve que dejar. Al teatro lo tengo siempre presente. Me gusta y cuando puedo estoy. Me dio la posibilidad de encontrar al recitar los versos lo que quiso decir el autor. A meterse en el verso y llegar hasta el que lo está escuchando; eso lo fortalece. Aprendí cómo decirlo, cómo pararse en el escenario, cómo poderlo expresar.


- La actuación te habrá permitido recorrer muchos escenarios.
- Gracias al folclore conozco casi toda la provincia de Buenos Aires, y también anduve por otras y por la ciudad de Buenos Aires. Con Carlos Gallardo compartimos muchas veces escenarios y somos compañeros de huella, con él estuve en muchos lugares y en otras actividades como los medios, donde desde hace nueve años también hago radio (N de la R: Balbo hace el programa Convivencias que se emite por FM Estación Cañuelas). A pesar de ser joven tiene una larga experiencia en el folclore.


- Tuviste muchos versos que trascendieron, pero “Alambre de fardo” ya es un clásico. ¿Te gusta que siempre lo pidan?
- Sí, es una satisfacción muy grande. Creo que cada uno juega con distintos temas o los actores en distintos papeles, y en lo que a mí refiere ya no puedo evitar que me identifiquen. Me han contado anécdotas de gente de Cañuelas que estuvo en lugares lejanos y conocían el tema.


- ¿Creés que hay interés en la gente por el folclore?
- Sí, por suerte; habíamos estado bastante vacíos de folclore unos cuantos años. Pero siempre hay luchadores que la siguen batallando, por suerte ahora resurgió y está metiéndose de nuevo en el público. Lamentablemente lo que no tiene es el apoyo o esponsoreo de grandes empresas como otros géneros musicales, porque realmente convoca a mucha gente. Ahora también está saliendo mucha ropa con la guarda pampa o detalles a la usanza criolla. Por muchos años parecía que se había lavado la conciencia de los argentinos para que desvirtuáramos lo propio.


-¿Con qué te quedás de todo el camino recorrido?
- Lo mejor de todo es el cariño que encuentro en el público. Se dice que uno no es profeta en su tierra, y salvando las distancias, tengo la suerte de que en cada lugar que estoy o soy parte, siempre encuentro un cariño impresionante de la gente.

Publicado en la edición impresa Nº 51 del 24 de mayo de2006

 

 

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