Jorge Claudio Morhaín / Escritor de historietas

En cada pueblo hay una banda de rock y un escritor de historieta

Es el escritor más prolífico de Cañuelas. Con más de cuatro mil historietas publicadas, una novela y trescientos cuentos (la mayoría inéditos). Trabajó en las revistas El Tony, Skorpio, Billiken, entre otras. Algunas de sus historietas más conocidas son El Cabo Savino, Pehuén Cura y Lock Olmo. Otro hito en su carrera es la adaptación a teatro -con guión original- de «El Eternauta», que se representó en varias oportunidades con importante repercusión.


-Vive en Máximo Paz, ¿se siente más adentro o fuera de Cañuelas?
-No, totalmente afuera. Pero el centralismo existe en todas partes. Y acá se nota mucho. Nos sentimos como separados de Cañuelas; tenemos muchas dificultades con el transporte, por ejemplo. Históricamente el pueblo ha hecho las cosas solo. Vicente Casares es diferente, es un pueblo cerrado, de gente adulta. En Máximo Paz viven 13.000 personas y no para de crecer. Pero como uno de los más viejos habitantes, te puedo decir que acá la gente es distinta: no somos del conurbano, ni tampoco del campo. Además no tenemos ricos. Si alguien roba, será una gallina…la gente es pacífica.

Morhain se dice «hijo espiritual» de Héctor Germán Oesterheld, autor de la emblemática historieta «El Eternauta», que tuvo inicio en 1957 y apogeo en los ’60. Lo enuncia así: «Yo empecé a escribir historieta porque de chiquito leía las revista «Hora Cero» y «Frontera» de Héctor Oesterheld. Después me enteré que no sólo eso había leído,  sino que las historietas infantiles que había leído, los cuentos infantiles que había leído, también eran de él. Y hace poco  por una persona en la Feria del Libro, me enteré  que a la revista «Más Allá», una revista importantísima que nos abrió la cabeza a muchos, también la escribía Oesterheld”.

“El viajero de la eternidad” es el nombre de su adaptación a teatro de la inolvidable historieta. En el 2001 la obra ganó uno de los premios del Concurso Nacional de Teatro “Enrique Santos Discépolo”, otorgado por Griselda Gambaro y otros importantes escritores. En el 2007, a 50 años de “El Eternauta” y 30 de la desaparición de su autor, “El viajero de la eternidad” se presentó en la sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata, en diez oportunidades y a sala llena. Pero la importancia de la participación de Morhain en los homenajes no termina aquí: según nos cuenta, ese mismo año y vía e-mail, logró contactarse con Daniel Filmus para impulsar la publicación de “50/30”, edición homenaje a Oesterheld y la historieta, que también consta de un catálogo y textos de Francisco Solano López, Pablo De Santis, Juan Sasturain y el mismo Morhain, entre otros.

-La época de mayor producción de historieta fue entre los años’60 y finales de los ’80. Y también fue «su época».
-Sí, yo trabajaba como bestia. Llegué a producir entre historietas y traducciones, 60 en un mes, lo cual es una cosa de locos. Tenía dos chicas que me pasaban a máquina y yo grababa con grabador, porque no había tiempo: tenía que entregar y entregar. Pero la historieta salía responsable y bien hecha, no sanateaba. Ahora hace más de diez años que no hay historietas, antes era algo presente en la literatura. Y Argentina fue un centro de producción muy importante para toda Latinoamérica. Pero de repente en el año ’94, ’96, se acabó así de golpe. Y dejamos lugar al manga (historieta japonesa), al comics norteamericano…

-El término «historieta» es peyorativo ¿no?
-Claro, yo digo que la historieta es «literatura verboicónica». Todos los nombres que se les ha puesto son despreciativos: en Brasil le dicen «cuadriños»; en Italia «fummetto», que es el globito; en España se llama TBEO, porque salió una revista que se llamaba TBO. No tiene un nombre decente. Pero si te ponés a analizar qué es la historieta, es una conjunción exacta entre el texto y la imagen, si no tiene esas dos cosas no es historieta.

El escritor también tuvo una participación activa en la cultura local desde la vuelta a la democracia, y tiene una visión crítica respecto a lo que cree que todavía son cuentas pendientes: «Cañuelas tiene una deuda importante con la historia y el turismo» dispara. Entre el ’97 y ’99 fue Director del Museo Municipal –ya que también es museólogo- y considera que fue una buena experiencia: “No cualquiera tiene la suerte de empezar un museo desde cero”.

 -¿Usted fue uno de los que inventó la historia del dulce de leche?, porque una vez leí…
-Yo sé cómo nace, lo que pasa es que si seguimos hablando vamos a terminar rompiendo la leyenda. Y la leyenda no es tan importante como leyenda, sino porque ha sido asociada al Pacto de Cañuelas. Éste es el hecho más importante de la historia de Cañuelas y no se le ha dado el lugar que merece. En la estancia La Caledonia estaba Rosas acampado con sus fuerzas (relata), y Lavalle, que volvía de la Guerra con Brasil y que pensó que no había que seguir matando gente, se mandó por su cuenta hasta ahí a caballo. Cuando llega don Juan Manuel no estaba, entonces le dan el catre, aparece la negra…la historia que conocemos: nace el dulce de leche. Pero de todas formas el dulce de leche nace en Cañuelas, por La Martona, que fue la que impuso el gusto en la época. La leyenda sirve para recordar el Pacto del 24 de junio (1829). Muy pocos saben que en la Constitución cuando se habla «de los pactos preexistentes» se habla del Pacto de Cañuelas, que fue el primero. Después no se cumplió, pero bueno…

(El título de la nota fue extraído de una frase de Antonio Presa: «En cada pueblo de la Argentina hay una banda de rock y un dibujante de historieta». Antonio Presa fue jefe de arte de la Editorial Columba, donde Morhain publicó historietas como El Cabo Savino, Martín Toro, Pehuén Cura, entre otras).

OTRO LOBO

Si su padre espiritual en el género historieta es Oesterheld, en literatura de más largo aliento -según sus propias palabras- su progenitor es Edgar Allan Poe. Lo deja entrever al explicar su excelente novela “Samos contra los Uránidas”: «Está basada en un suspenso constante para tener atrapado al lector hasta el final». Tan similares a las palabras de Poe: «El cuento debe partir de una intención preestablecida para lograr un único efecto» o «durante la hora de lectura, el alma del lector está sometida a la voluntad del escritor».
  
El cuento inédito que ahora presentamos (a la derecha), viene de una serie que Morhain llama «uncuento por día». «Un verano que estaba desocupado me propuse escribir un cuento por día, y así llegué hasta 60» recuerda. «Pero es difícil publicar…» luego se lamenta el escritor, que en género cuento ya editó el libro “Malos Tiempos para Drácula” por Libros del Quirquincho.

A la hora de hablar del instante de creación utiliza un lugar transitado por los escritores, pero que no deja de tener vigencia: «Uno cuando escribe parece que copia; uno ve pasar las cosas rápidamente por la mente y va escribiendo antes de que se vayan. Y la resolución de la historia o cuento, trae consigo una satisfacción inmediata».

 

Publicado en la edición impresa Nº 82 del 20 de diciembre de 2006

 

 

 

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