Ignacio Marcos / historiador

“Que el pueblo progrese sin perder la identidad”

Ignacio Marcos es un vecino de Uribelarrea, que se transformó en un símbolo de los que trabajan con pasión por recuperar la historia local y afirmar la identidad. El sábado 15 de diciembre presentó el libro que escribió junto a Silvia Gorostidi “Uribelarrea, un pueblo de puertas abiertas”.

-¿Cuándo llegó a Uribelarrea?
- Me acuerdo muy bien, el 6 de noviembre de 1952. Vine a raíz de un accidente ferroviario en el que el tren en una mala maniobra rompió el embarcadero de hacienda y perdió la vida un empleado. Yo estaba trabajando como carpintero artesano en el Departamento de Vías y Obras dependiente de Lobos, y me mandan con otro compañero a desmontar y construir un embarcadero nuevo, lo que nos demoró un mes. Uribelarrea fue un pueblo que me gustó de entrada. Cuando vengo a trabajar, empecé a frecuentar los bailes y  entrar en la comunidad. Al año siguiente me casé por primera vez y estuve 10 años casado hasta que quedé viudo. Cinco años después,  me casé con Silvia (Gorostidi, su actual esposa) que era maestra de la Escuela Nº 4.

- ¿Y cuándo llegó a la Argentina?
- Yo nací en Salamanca, España, en 1931. Y en 1949 emigramos con mis padres y hermanos a la Argentina. En principio nos radicamos en Bahía Blanca. Por una vacante que se produjo llegué a trabajar en Lobos y así al poco tiempo ya estaba en Uribelarrea.

- ¿Qué recuerda de Uribe de esa época?
- El impacto principal fue la simpatía de la gente. Muy abierta, muy amable y muy especial, como buen pueblo del interior de la provincia, donde dan la bienvenida con cordialidad. A llegar me invitaron al baile y ahí “pisé el palito” y me quedé. Le he tomado un cariño especial a Uribelarrea. Yo que vine con 18 años de España y tengo ya 57 en Argentina. Me siento más argentino que español.

- ¿Por qué se decide a recopilar la historia?
- Soy muy de la cultura histórica, leo mucho, me “como” los libros de historia. Algo así ya había visto en España y quería empezar a tratar de sacar a relucir la historia, el origen y la vida de los pueblos de campaña. Y me dediqué al estudio de cómo se formó esa historia en los orígenes de Uribelarrea. Yo siempre he trabajado buscando los orígenes y  le debo mucho a Lucio García Ledesma que me orientó. También tuve por compañero a Eduardo Labari con quien compartimos un amor por el pueblo nos lleva a hacer todas estas cosas.

- ¿Qué le pareció muy significativo en esa historia?
- Muchas cosas. El personaje que creó el pueblo, don Miguel Nemesio de Uribelarrea, nos favorece mucho. Era un hombre muy apasionado por el trabajo. Fue senador en el tiempo de Sarmiento, estuvo como comisionado en Cañuelas en 1878, una de sus obras muy importantes fue el traslado del cementerio al lugar actual (antes estaba en donde está la vieja cancha llamada “El Cajón” del Club Cañuelas). Era un hombre con muchas tierras heredadas por parte de su madre y siempre tuvo la visión de crear un pueblo, pero más que nada, y era la época de la inmigración, de hacer un pueblo con chacras, solares y  quintas, bien agrícola. Estaba en contra de la política de Avellaneda que quería mantener las tierras con un valor muy alto, incluso el que se dedicaba a sembrar no llegaba nunca a adquirir la tierra,  a ser propietario. Don Uribelarrea largó todo a grandes plazos, que fue un éxito.

- Así tuvo un comienzo muy fuerte.
- Sí, en esa época que se levantaban cosechas enormes se dio un proceso muy fuerte de crecimiento. Eso influyó para pedir el paso del ferrocarril por la colonia de Uribelarrea. En 1890 cuando fue la fundación había 16 casas y cinco ranchos, 151 habitantes entre alambradores, albañiles, peones, etc. De ahí fue un incremento muy grande hacia 1900. Para tener en cuenta: en 1894 se fundó la Escuela Agrotécnica Don Bosco, se fundó el Colegio de María Auxiliadora para niñas y el Colegio de San Miguel,  en los salones de la parroquia. Tres colegios religiosos, algo que no tenía ni Cañuelas, ni Lobos. En 1903 aparece la Escuela Nº 4, que en 1882 se fundó en Cañuelas y la trasladaron a Uribe. En el inicio del siglo veinte había escuelas, el ferrocarril, con la inmigración vasca aparecen los tambos y había más de cien entre chicos y grandes y además estaba la explotación de lana. Después, como todos los pueblos de la provincia, decayó la actividad y cuando los jóvenes empezaron a emigrar se profundizó. Pero éste es un fenómeno que se dio no sólo en Argentina, sino cuando volví a España pude ver muchas aldeas que están vacías.

- ¿Cómo surge el Archivo Histórico de Uribelarrea? No hay en otras localidades que no sean cabeceras algo así.
- Afortunadamente el delegado en su momento me llamó para avisarme que en la estación iban a quemar el archivo porque les estorbaba. Me habló Gustavo Recalt, director del Museo y Archivo Histórico de Cañuelas, y me dijo qué podíamos hacer con el archivo. Con el poco tiempo que dispongo, porque estoy en casi todas las instituciones colaborando, le dije que trataría de clasificar los documentos y así pude armar las 40 cajas.

-Y lleva merecidamente su nombre.
- Algo que yo no quería, porque uno lo hace por el amor al lugar. Me pone un poco incómodo. Yo lo que quiero es preservar los documentos para el futuro, porque un pueblo que no tiene pasado no tiene futuro. Y si las generaciones que vienen no tienen conocimiento de lo que vamos a dejarles van a perder la identidad y eso es lo que no queremos. Cuando fue el festejo del centenario los que orientamos la comisión, (Marcos junto a  su esposa, con Eduardo Labari y Nélida Garmendia de Parodi) con las instituciones nos juntamos para hacer un programa que rescatara la identidad del lugar.

- ¿Cómo ve el movimiento que se genera en Uribe el fin de semana?
- Lo veo muy bien. Vemos mucha gente desconocida que nos para, nos pregunta, se interesa. Creo que es muy positivo porque eso crea un movimiento que genera trabajo y necesitamos fuentes de trabajo para que la juventud no tenga que emigrar a otros lugares o a las grandes ciudades. Si tenemos la posibilidad, aprovechémoslo. En lugar de desaparecer como muchos otros pueblos, Uribe no sólo no desapareció sino que está creciendo. En otros lugares se terminó el ferrocarril y se terminó el pueblo. En los últimos años Uribelarrea ha progresado y tiene que ser un pueblo que progrese sin perder la identidad. Yo lucho mucho por la historia de Uribelarrea, que es un pueblo tranquilo, maravilloso y muy cordial. Y vamos a seguir luchando hasta que Dios nos de fuerzas.

Publicado en la edición impresa Nº 66 del 30 de agosto de 2006.

 

 

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