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Gustavo Recalt (cantor surero, historiador)
“Tengo dos pasiones: la historia y la guitarra”
Gustavo Recalt es un destacado cantor surero. Su actividad comenzó a crecer a partir de la participación en un festival representando a Cañuelas en 1990, desde allí recorrió importantes escenarios. En los últimos años sus actividades personales –es Director del Museo y Archivo Histórico de Cañuelas y Licenciado de Historia- le quitaron tiempo a lo artístico, pero dice que nunca dejará de cantar.

-¿Cómo surge tu vocación por cantar?
- La música me gustó siempre y en casa se escuchaba mucho porque había una afinidad, ya que mi madre tocaba el piano y siempre le gustaba. Cuando íbamos algún lado de visita y había un piano se ponía a tocar y, así tanto mi hermana (Liliana, también cantante) como yo, recibíamos eso. Luego en la Escuela Santa María tuve un excelente profesor de música que fue Alberto Bernal, pero no me imaginaba cantar o actuar en un escenario.
- ¿Y pudiste estudiar música?
- No, primero aprendí como se dice “de oído”. Por intuición y gusto. Después sí, tuve la oportunidad de aprender con Oscar Bustos, uno de los mejores guitarristas de la región.
- ¿Por qué la guitarra?
- Porque en casa siempre hubo. La guitarra con la que yo aprendí a tocar es una Francisco Nuñez y Cía de 1870, que perteneció a mi bisabuelo. Cuando nací los tíos de mamá me dejan de mi bisabuelo un sable –que según la tradición familiar había pertenecido al coronel Nicolás Levalle- la bandera, la guitarra y un poncho que es el que uso cuando actúo.
-¿Cuándo empezás a tocar en público?
- En la década del 80. En una oportunidad me junto con Pablo Báez, un excelente músico local, y empezamos a tocar rock nacional, música contemporánea. Con él cantábamos en las cenas de Rotarac y en alguna confitería.
-¿Y por qué el paso al folclore?
- A mí me gustaba. Yo aprendí folclore con Urrutti y Mabel Sassi, y desde los cinco años aprendí a zapatear, a bailar. Lo tenía incorporado, y cuando ensayaba en casa tocaba más folclore que las canciones que hacía con Pablo. Y un día pensé que lo mío era cantar folclore y empecé a sacar milongas, huellas, etc. Empecé así en las peñas y en el fogón de la primera jineteada que se hizo en Las Rosas. Así inicié un camino que a partir del año 90 se hace más profesional. Recuerdo que en una peña Jorge Domínguez, por entonces el intendente, me escuchó cantar y me mandó una invitación para representar a Cañuelas en el 7º Festival Nacional de la Sierra en Tandil. Me entusiasmaron para ir y salí segundo.
-Un buen comienzo.
- Sí, con algún problema (se ríe). Yo siempre lo cuento porque el ganador fue Adrián Maggi, uno de los grandes cantores de la actualidad. Habíamos llegado los dos a la final y yo me equivoco en una nota con la guitarra. La noche anterior estaba primero, pero la verdad es que estaba cada vez más nervioso; antes de la actuación sentía que me moría, entonces papá me dijo que tomara una ginebra para calmarme un poco. Mi papá se fue y el mozo me ofreció otra: la segunda, que me dio el golpe de gracia. Adrián hizo las cosas muy bien y a mí se me trabó un dedo y la guitarra sonó mal. Pero bueno… traje el segundo premio. Después de eso empecé a caminar más fuerte y llegó la primera grabación.
-¿Cuál fue?
- “Por si precisa” que grabamos con Perico Burgos. Anduvo bien en los medios, tuvo buenos comentarios, pero no tanto por la cantidad que pudimos colocar. Para el cantante surero el camino no es fácil: hay que andar mucho, es a pulmón, y a veces no hay tiempo para estar haciéndolo. Además es un género no tan comercial, con un solo cantor que tiene que ocupar toda la escena, y si te toca actuar detrás de un grupo que interpreta algo que levanta a la gente no es sencillo seguir. La música surera es para escuchar en otro clima mucho más tranquilo. Es el sentimiento del hombre de campo hecho canción.
-Estuviste por muchos escenarios.
- Sí, en el ’94 tuve la oportunidad de ir de gira con Urrutti a Brasil y cuando volví estuve en Tiempo de Gauchos, en Miramar, ante una cantidad muy grande de gente, y siguieron una serie de participaciones importantes. Luego hago el segundo disco también con Burgos y ése anduvo mucho mejor. Después tuve un lapso con menos actividad, por algunas cuestiones personales no grabé hasta el 2002, que lo hice en un estudio en Zárate. Pero recién el año pasado se pudo hacer la reproducción de las copias: se llama “De sangre, de amores y de olvidos”, es parte de la historia de la Confederación cantada. Fue muy lindo, porque además lo presenté en Campana en conjunto con un libro de Héctor Del Valle.
-¿Qué actuación recordás particularmente?
- Y…es difícil quedarse con una, son varias. En Cañuelas me marcó mucho mi primera presentación en Tiempo de Gauchos en 1993, porque me abrió muchas posibilidades para cantar en otros lugares. Otra que recuerdo es cuando canté el vals de la historia de Camila O´Gorman, que presenté en 1998 en el Cine y tuvo un impacto tremendo. Es una de esas cosas que aparecen, un tema que uno supone que gusta pero no puede saber hasta dónde llega. La Fiesta Nacional del Gaucho en Madariaga también es otro recuerdo lindo. Vivía allá un ex compañero mío del Don Bosco, Pablo Oyharzábal, y le había dicho que si alguna vez estaba la posibilidad de cantar en el festival me avisara, así consigue que actúe en la previa. Era un festival muy grande, ese año estaban Argentino Luna, Los Chalchaleros y muchos otros. Argentino Luna tuvo un problema personal y no podía actuar y era justo el primer artista, abría el festival. Y entonces me convocan a mí para hacer la apertura: fue una gran sorpresa, y más cuando me contaron que consultaron a Luna por el reemplazante y él había dado su consentimiento para que fuese yo.
-¿Cómo te imaginas en los próximos años? ¿Seguirás cantando?
- Sí, eso no se deja nunca. Si Dios quiere en octubre me recibo y tendré más tiempo para seguir con la guitarra. La historia y la guitarra son mis dos pasiones y pueden ir unidas en esto que es cantar.
Publicado en la edición impresa Nº 57 del 28 de junio de 2006.
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