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FEDERICO PEQUEÑO
¡Hey, dee jay!

Para algunos es el Dr. Pequeño, odontólogo. Otros lo recuerdan por su paso por la gestión pública, como director del Hospital. Pero para muchos, Federico Pequeño sigue siendo unos de los disc jockey más reconocidos de la Argentina en la década del ´90, en pleno furor de la actividad. Hoy hace tiempo que no toca, pero conserva unos cinco mil discos de vinilo, y más de 500 cd´s. Y claro, muchos recuerdos, algunos de los cuales cuenta en esta nota.
-¿A que edad empezaste a pasar música?
-A los quince. En el año ´82 falleció mi papá y empecé a venir acá, a Cañuelas, a casa de mi tío Alfredo (Morgante), que hacía poco había abierto Sabbat. Yo desde los 12 pasaba música con amigos. Cerca de mi casa había una oficina de Tower Records, y casi todos los días yo me iba ahí, a comprar discos. Gracias a Alfredo me empecé a enganchar, me daba la llave y yo me quedaba horas y horas practicando en la vieja cabina de vidrio. Cuando en ´83 se creó «Sabbat Boys», una matineé para chicos, yo empecé a pasar música ahí. Y después seguí con la noche. Yo vivía en Buenos Aires, y mi mamá me daba permiso para venir si no dejaba de estudiar. Así que yo me quedaba el fin de semana acá y los lunes Elorza me llevaba a Capital; el tenia un bar en Avenida La Plata y Rivadavia, a diez cuadras de mi casa. Yo salía cambiado de acá para ir al colegio.
-Después la cosa se hizo más profesional…
-Sí, a los 17 años pasé a ser el disc-jockey de la noche. Ya participaba en las decisiones de la música. En aquella época se trabajaba muy bien, no había tanto debate sobre lo que pasabas o dejabas de pasar. Era diferente a como es hoy, hoy cualquiera tiene acceso a la música, por Internet, en mp3, mp4… en aquella época nos teníamos que manejar de otra forma. Yo tenía un grupo de amigas azafatas que me traían discos de Londres, Australia, Estados Unidos. Me traían también las revistas Billboard o Rolling Stones, que eran referentes musicales.
-¿Y qué pasó en los ´90, cuando el DeeJay empezó a tener un lugar central?
-Bueno, sí. Dejó de llamarse Disc Jockey, y pasó a ser el partenaire de la fiesta, al estilo de lo que en Estados Unidos era el «Club 54».
-Fue una explosión… por ese entonces nació la Z95.
-Sí. Yo estaba muy bien en ese momento, y Sabbat también. Era una de las mejores disco de la Provincia, eso a mí me ayudó mucho. En ese entonces tomó auge la Z 95 que era la FM de Radio del Plata. Ahí había un programa, «La batalla de los deejays», donde había seis disc jockey de Buenos Aires de los mejores boliches, «New York City», «La Facu», entre otras. Yo presenté un demo de lo que hacía, y justo querían cambiar a un disc jockey que no les gustaba. Entre doscientos demos eligieron el mío, y entré. Tenía un set de una hora viernes, sábado y domingo.
-¿Tocabas en vivo?
-En la radio no, era todo con cinta. Pero había eventos a los que íbamos como Z95 en que sí, tocábamos. En ese grupo estaban Federico Scialabas, Sergio Kreimer, Hernán Cattáneo, que hoy vive en Londres, es uno de los D-Jays de la Cremfields.
-¿Había mucha competencia?
-Y, a ese nivel sí. A veces traíamos un tema y no poníamos el lugar donde nombraba al grupo que lo tocaba para que no lo pudieran identificar. Yo traje a Argentina, por ejemplo, «Ritmo de la Noche», de un grupo francés que se llama Lorca. Después hicieron un montón de versiones.
-También tocabas en la costa.
-Sí, cinco años seguidos. En The Box, en San Bernardo, Baker, Área, en muchas discotecas, en La Plata, Lanús, Bieckhouse en Buenos Aires, pasé música en Coconor para 5 mil personas…trabajé con Cris Morena en «Jugate conmigo», hice un programa con Vilas. Fue mucho tiempo, desde los 15 hasta los 26, cuando me casé.
-¿Y por qué el retiro?
-Ya quería parar. Yo me había recibido hacía algunos años, tenía mi profesión. Ya se me mezclaban los horarios, casi no dormía los fines de semana. No podía con todo. Me dolió, porque era divertido y económicamente me iba muy bien.
-La imagen que se tiene de la noche es otra, no la de un tipo que trabaja de eso y al mismo tiempo estudia, hace una carrera…
-Sí, hoy todo parece diferente. No es muy común ver que la gente hace este tipo de sacrificios, por ahí porque ha visto durante mucho tiempo que el sacrificio no la lleva a ningún lado. Yo siempre estuve muy apoyado, por mi vieja, por mi tío Alfredo en Sabbat. No quiero decir que todo lo pasado fue mejor, pero sí era diferente.
-Puntualmente, ¿que te parece la noche de Cañuelas?
-Creo que Cañuelas perdió parte de esa noche que tenía, retrocedió. Sabbat fue un mito, pero más que nada por la gente que lo manejaba. Los dueños eran macanudos, daban mucha confianza, era como ir a bailar a la casa de un amigo.

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