Carlos Chiappe / Ex futbolista profesional

“Lo mejor del fútbol son los amigos ”

Carlos Chiappe jugó al fútbol profesional, en una larga carrera que incluyó desde ascensos a Primera División con Quilmes y Platense, hasta pases al exterior, que le permitieron disputar la Copa Libertadores y compartir equipo con figuras de todos los tiempos, como el colombiano Willington Ortiz.

- ¿Cuándo descubrís que querés ser jugador de fútbol?
- Juego al fútbol desde siempre. Por ahí me decidió el entusiasmo de mi papá cuando me iba a ver y así se fue desarrollando la carrera.


-¿Él jugaba al fútbol?
- Llegó a jugar hasta la tercera de San Lorenzo, después se rompió un tobillo y en aquel tiempo no había muchas posibilidades de recuperación como ahora y se le cortó la carrera. Según me contaron, acá en Cañuelas junto con Perrotat fue de los mejores marcadores centrales.


- El puesto entonces es hereditario.
- Sí, parece que algo hubo. Pero se está borrando de a poquito porque a Nacho (su hijo menor) no le gusta jugar de marcador central. Le tira más jugar de volante, para estar en contacto con la pelota y meterse en el entrevero donde se define el juego.


- ¿Cómo empezás a jugar formalmente en una institución?
- Me lleva mi papá a La Martona, entro en la Cuarta división y me acuerdo que juego acá en «El Cajón» con la Cuarta de Cañuelas. Perdimos 2 a 1 y yo hice el gol de penal. Como me vine desde Petión a estudiar el secundario al Colegio Industrial, estuve en algunos equipos en Cañuelas y luego sí fui con Jorge Cefri y Gustavo Galli, ambos arqueros, a probarme a Quilmes. Y quedamos los tres.


-¿Comenzás todo el ciclo de inferiores?
- Sí, eso fue en 1967, tenía 14 años. Estuve un tiempo en la Séptima división, y cuando llego a la Quinta en el `69 hubo un paro de profesionales y juego tres partidos en Primera. En el año `71 volví a jugar unos 14 partidos en Primera, y al año siguiente ya me hicieron el primer contrato.


- Empieza una buena etapa.
- Claro, porque llegamos al campeonato de 1975 donde se logra el ascenso. Luego al año siguiente voy a préstamo a Platense y volví a ascender ellos. Después en el `77 apareció la oferta para ir a Venezuela y me voy para allá; estuve dos años jugando en Estudiantes de Mérida. Al segundo año que jugamos la Copa Libertadores en Paraguay, me vio un empresario que me llama para ir a jugar a ese país. Me dijo que si me quedaba unos partidos me podía vender a Europa.


-¿Y?
- Efectivamente, al décimo partido vino gente del Málaga y habíamos arreglado todo. Pero tuve la mala suerte de romperme la clavícula en el último entrenamiento y se deshizo el pase. Me quedé hasta fin de año, que me venden al Cali de Colombia.


-En Colombia te encontrás con un fútbol duro.
- Sí, y a nivel competitivo muy fuerte. Además fue la época, 1981, que implementan el cupo de extranjeros porque venían surgiendo colombianos como Redín, Valderrama, Angulo, etc. que fueron grandes jugadores. Allá tuve la suerte de jugar con el que creo fue el mejor jugador colombiano de todos los tiempos: Willington Ortiz. Tenerlo de compañero fue fantástico. Era un fenómeno, en las prácticas veíamos lo que era marcarlo. En la Libertadores del `81 que jugamos la zona con Junior, Rosario y River demostró su jerarquía,  porque los defensores argentinos no podían con él.


- ¿Te adaptaste bien a tantos años en el exterior?
- No me puedo quejar de que me hayan tratado mal en algún lado. A pesar de que a veces a los argentinos en el exterior nos resisten un poco porque nos ven como “cancheros”, a mí siempre me trataron muy bien. Con todos quedó un buen recuerdo. Cuando me presentaron al actual responsable del gerenciamiento del fútbol del Club Cañuelas, él que fue periodista deportivo en la época que jugué en Colombia, se acordaba de mí y de todo el equipo. Quizás les costó algo más a mis chicos que  empezaban el colegio y entre chicos la cosa era un poco distinta. Entonces eso pesó un poco en la decisión de volver.


-¿Te dan el pase?
- No, en el `83 estuve a préstamo en Banfield y a fin de año cuando llamé por el pase me pidieron 200 mil dólares. Les dije que si yo tenía esa plata en el bolsillo no jugaba más al fútbol. Era un disparate para esa época. No me daban el pase y me tenía que buscar algo y me dijeron “si no tenés nada no jugués más al fútbol”. La verdad no me cayó bien, los equipos de acá no querían arreglar a préstamo, querían el pasé y por eso dejé. Al otro año vino la gente de Athletic de Lobos y me dijeron de jugar. Ellos estaban con un problema en la AFA, por eso no necesitaba pase y a los tres años cuando arreglaron el diferendo con la AFA hablaron con el Cali y mandaron el pase. Estuve con ellos 12 años hasta 1995 donde dejé. Bueno, nunca dejé de jugar la fútbol (se ríe).


-¿Qué es lo mejor que te dejó tu carrera de futbolista?
- Lo mejor que me dejó el fútbol son los amigos. Las amistades que quedan en todos lados. Por supuesto que los logros deportivos son el orgullo interior, pero dejar amigos en cada lado que uno estuvo es muy bueno.


-¿Y un recuerdo?
- Hay unos cuantos. El debut en Primera en Quilmes, los ascensos, el primer gol en contra (se ríe) bueno, fue el único, pero no se olvida.


- Te gusta seguir ligado.
- Nunca dejé de jugar. Y me gusta mucho el trabajo con los chicos. Son los que te buscan siempre para aprender.


- ¿Cómo ves el fútbol en Cañuelas?
- En Cañuelas hay una cantidad enorme de jugadores. Quizás por distintos motivos no se pudo lograr que concluyeran todos en el Club Cañuelas. Se han ido chicos, por motivos de trabajo o estudio, muchos que podrían haber llegado como David Garzón, cualquiera de los Aristegui, Sergio Seiano, y un montón más. El tren pasa una vez, si te subiste por ahí te podes acomodar en distintos vagones. Si pasó el tren y no te subiste, no te subís más. Y ahora todavía es más difícil, porque antes dependía de la habilidad de cada uno, hoy hay mucha influencia del físico y la táctica para poder llegar.

Publicado en la edición impresa Nº 59 del 12 de julio de 2006.

 

 

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