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ALEJANDRO ABDO / Campeón Latinoamericano de Magia
En la búsqueda de la "magia memorable"

-¿Cuándo empezó a dedicarse a la magia?
-Hace tiempo, a los 14 años. Mi papá es mago, estudió con Fu Manchú, y tenía algunos aparatos viejos, que para mí eran un juguete. En 1994 surge la posibilidad de competir en los Torneos Juveniles Bonaerenses. Yo me preparé un poco y me anoté, casi como un juego, y de a poco le fui tomando el gusto. La verdad no tenía ningún tipo de expectativas, pero gané la etapa regional, y pasé a las finales en Mar del Plata. Llevé un acto enorme, en el sentido de que tenía una pila de aparatos, que ocupaban todo el colectivo. Los que viajaron ese año se deben acordar, porque no tenían donde poner los bolsos. Y finalmente me fue muy bien, gané el segundo premio, la medalla de plata.
-En general, siempre le fue bien en los Torneos Bonaerenses, ¿no?
-Sí, muy bien. Además de esa primera medalla de plata, en el ´95 gané la medalla de oro en la categoría A, en el 96 la de oro en la categoría mayor, en el 97 y 98 gané medallas de bronce, y en el ´99 una mención especial. Gracias a los Torneos también pude viajar. En el ´95 tuve un viaje de premiación a Córdoba, y en el ´96 fui a España. Ahí pude actuar en el Teatro Municipal de Aranjuez, fue una de las mejores experiencias que viví. También en los torneos conocí a Oscar Keller, que es uno de los magos más reconocidos de Argentina. Oscar era jurado del concurso, y me acompañó desde el principio. Seguimos siempre en contacto, hasta el día de hoy, que tenemos una excelente relación.
-¿Por entonces ya trabajaba en fiestas?
-Sí, en realidad desde el ´95 ya lo hacía. Incluso en ese año, después de ganar la medalla en los torneos, me invitaron a un congreso muy importante de magia en La Plata. Fui como la mascota, y por primera vez compartí el escenario con figuras como Emanuel.
-¿Cuándo se hace más profesional la cosa?
-Bueno, cuando empecé la facultad (es ingeniero en Seguridad Ambiental) hice un parate un tanto brusco. Fue cuando dejé de ser el «Mago Alexis», y empecé a presentarme con mi verdadero nombre. En el 2001 me llamaron para invitarme a una gala de talentos sudamericanos. La selección se hizo a través de videos, y quedé entre los ocho mejores. La competencia se hizo en el Paseo La Plaza en Calle Corrientes, y si bien no gané, tiempo después un jurado me confesó que por puntaje había quedado segundo. Ahí me di cuenta que podía participar a ese nivel.
-¿Después vino la competencia donde se consagró campeón sudamericano?
-Sí, un par de años después. Yo a fines del 2002 me recibí de técnico en la facultad, y decidí parar un año para prepararme, porque quería participar del FLASOMA. Después, a último momento igualmente hice las dos cosas, me preparé pero sin dejar de estudiar. La competencia fue a principios del 2004.
-¿Como entró a ese torneo?
-No fue fácil, ya que era un torneo latinoamericano, con participantes de Sudamérica, México, España y Portugal. Para entrar, te tiene que presentar una sociedad mágica, que avale que tu acto tiene nivel internacional. A mí me presentó el Centro Mágico Platense. Yo participé en la categoría Magia General, la más numerosa, con 18 participantes. Y tuve la suerte de salir primero. Lo más emocionante de esa experiencia fue la presentación, que por casualidad la hizo Oscar Keller, y dijo «de Argentina, representando a la Argentina... Alejandro Abdo». Cuando estás ahí, después de ver pasar un brasilero, un mexicano, un colombiano... te nombran así, se abre el telón... fue una increíble inyección de adrenalina.
-¿Alguna vez le salió muy mal un truco?
-Sí, claro, muchas veces. Pero la más divertida fue en los torneos, en Mar del Plata. Había llevado un conejo, que al estar una semana encerrado en el hotel había subido considerablemente de peso, entonces, se trabó, no salió por el aparato por el que tenía que salir. Hizo una presentación poco elegante... lo saqué de las orejas.
-¿Qué busca hoy de la magia?
-Que a la gente se le genere algún sentimiento, que tenga algún significado. Es lo que llamamos «la magia memorable». Es un concepto que tiene que ver con cuando la gente por ahí recuerda que «alguna vez vio a un mago que hizo tal cosa...». Bueno, nosotros trabajamos para ser ese mago, el mago memorable. Me gustaría que algún chico se acuerde mañana de que me vio hacer magia.

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