Incontinencias
“Rivarola tiene incontinencia fiscal”.
El concejal Gustavo Arrieta lanzó esa frase sentado detrás de la mesa en la estación de servicio en que se había convenido la entrevista, en el invierno del 2005.
Era una nota para La información. Vale mencionarlo: Arrieta no descubriría la imparcialidad, tendenciosidad y subjetividad manifiesta de este medio sino hasta mucho tiempo después, cuando dejó de ser oposición y se convirtió en oficialismo, lo que hizo mutar sus preferencias de prensa independiente a comunicadores dóciles en apenas unos meses.
Pero volviendo al tema:
El concejal justicialista sabía del impacto de esa frase que acababa de lanzar. Se estaba refiriendo a la polémica de aquel entonces: Rivarola –que estaba en una encrucijada por la catarata de aumentos a los empleados públicos iniciada en la Nación y rápidamente diseminada por provincias y municipios- necesitaba fondos frescos para atender las demandas sindicales. El entonces intendente no estaba dispuesto (nunca lo estuvo) a hacer un esfuerzo por acomodar las cuentas del municipio, tratar de gastar menos, no seguir incrementando el gasto en personal, etcétera.
La gestión de Rivarola se gastó en menos de dos años, en los cuales intentó una y otra vez conseguir más fondos. Probó –a menos de un mes de iniciada la gestión- con un adicional de un peso para Seguridad, pero su idea no pasó el tamiz del Concejo. Tampoco pudo instalar un adicional para Salud propuesto en su momento por el director del Hospital Hilario Ledesma, y luego promovió un aumento del módulo del orden del 33 por ciento. Todos los intentos se estrellaron contra las paredes del HCD, que le exigía mayor austeridad antes de liberarle fondos.
En esa lucha –paralela a las presiones sindicales, muchas veces fomentadas por él mismo para tensar aún más la situación- se fue la carrera política de Rivarola. El ex intendente terminó haciéndose kirchnerista para tratar por lo menos de rasguñar una reforma tributaria que le diera alivio a los últimos años de su gestión. No lo consiguió, aunque el apoyo K fue fundamental para poder terminar su mandato.
“Incontinencia fiscal”
La frase de Arrieta no era casual, y el concejal sabía que estaba destinada a ser título de la nota. Después la repitió algunas veces más, en otros ámbitos. La metáfora hacía referencia al pedido de aumento de tasas como el único recurso conocido por Rivarola ante cada problema financiero. Pero también era sutilmente agresiva: ya se cuestionaba por lo bajo que el intendente no era el mismo que entre 1995 y 1999 había comandado la comuna con relativo éxito. Para muchos, la edad de Rivarola guardaba relación con este hecho.
Debo decir que –por lo primero y no por lo segundo- coincidí en aquel momento con Arrieta. Pensé y sigo pensando que antes de pedirle esfuerzos a la gente es necesario agotar el ingenio y tratar de gestionar con austeridad, recordando siempre que los fondos que un funcionario maneja son públicos, y no dinero propio.
Y me es particularmente molesto que cuando es necesario pedir un esfuerzo, no se le diga a la gente toda la verdad. Como por ejemplo, que con el dinero de las tasas no se ha hecho una sola obra, sino que las mejoras vinieron por el apoyo político de la Nación y la Provincia.
Este gobierno es particularmente adepto a cierto despilfarro. Aumentó en un 20 por ciento el gasto en personal (y la cantidad de personal), usa los fondos afectados a políticas sociales para asistencialismo directo y no ha logrado aumentar en forma significativa la base de contribuyentes que pagan los tributos municipales. El aumento de la recaudación está dado por el aumento en el valor de las tasas, y no por el éxito de la gestión de cobro ni por el apoyo de los contribuyentes, como se suele decir.
Y lo más probable es que estos nuevos adicionales terminen licuándose, y colaboren para financiar más gasto en personal (sobre todo) y el resto de los despilfarros mencionados. Nótese la contradicción de pagar un costoso folleto en papel ilustración color para justificar que el gobierno necesita más fondos para –por ejemplo- el hospital.
En síntesis, Arrieta ha cumplido con creces el sueño de Rivarola. Cada vez que se excede en el gasto, consigue que el Concejo le apruebe un aumento que vuelva a equilibrar las cuentas. La incontiencia –fiscal y verbal- del intendente supera con creces a la de su antecesor.
POR FERNANDO ABDO
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