Heriberto Urbisaia: “Si lo que dice Moreno es cierto, todo lo que yo enseñé durante 50 años no sirve”
04.08.11. Es doctor en Economía y uno de los mayores expertos del país en estadística aplicada a la economía. Escribió varios libros sobre la materia y fue titular de cátedra en varias universidades, entre ellas la UBA. Defensor de la universidad pública, dice que hoy no sabría que aconsejarle a un joven que empieza a estudiar. Su opinión sobre el INDEC, sus alumnos famosos y una reflexión sobre la educación de ayer y hoy.

POR FERNANDO ABDO
Heriberto Urbisaia tiene 77 años. Es doctor en economía, y aunque la mayoría de los cañuelenses lo conoce como “el contador” simpático y bonachón, probablemente sea uno de los intelectuales más prolíficos que ha dado la historia de Cañuelas. Con “siete u ocho” libros publicados , es uno de los mayores expertos en Econometría, o estadística aplicada a la economía, su especialidad. Titular de la cátedra de Econometría de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y de La Plata, ha dictado cátedra también en las universidades de Bahía Blanca y Rosario, además de otras privadas, que no menciona demasiado porque se confiesa “hincha de la universidad pública”.
“Es que yo soy hijo de la enseñanza pública, nunca pagué por la educación. En Cañuelas estudié en la Escuela 1, y después me fui a Buenos Aires, a la Escuela Nacional de Comercio Nº 1 Joaquín González. Mi padre era carnicero, y creo que para no trabajar en la carnicería decidí empezar a estudiar”, cuenta Urbisaia, que recuerda con mucho cariño aquellos años del secundario.
“Era un colegio de excelencia. Viajábamos todos los días, con Pepe Garzón, un amigo entrañable con quien hice toda la carrera; tomábamos el tren 6.08 y llegábamos 7.30 a Buenos Aires. A Cañuelas volvíamos a eso de las tres de la tarde. Admirábamos a los profesores, eran tipos serios. Nos metieron la disciplina, nos enseñaron a estudiar”, confiesa.
-¿Qué diferencia encuentra entre la educación de entonces y la de hoy?
-Sobre todo, que fue una enseñanza integradora; yo hoy veo que el colegio secundario divide entre pudientes y no pudientes, las diferencias ya se notan, en ese momento éramos todos lo mismo, estábamos integrados.
-¿Por qué decidió estudiar economía?
-Entré en la facultad de Ciencias Económicas porque al salir del colegio comercial, era la única a la que se podía entrar sin dar examen de ingreso, para las otras había que ser bachiller. Viste cómo es, se hace camino al andar…
-¿Era una buena facultad?
-No sé si fue muy buena, en el sentido de que si bien era seria y había disciplina, los profesores casi no daban clase. Éramos casi autodidactas, estudiábamos solos, por apuntes. Y dábamos los exámenes de acuerdo a los programas. Los profesores eran unos señorones, funcionarios, ministros, y por ahí daban clase a las 10 de la noche, para cuatro o cinco alumnos. Yo que viajaba desde Cañuelas no podía ir. Hoy por suerte no es así, hay opciones en la facultad, cursos, seminarios, el que tiene ganas de aprender puede aprender mucho.
-¿Por qué prefiere la educación pública?
-Yo soy hincha de la universidad pública. Cuando en la época de Frondizi se planteó eso de enseñanza libre o laica, estuve a favor de la libre, porque creía que si se abrían nuevas universidades iban a ser buenas. Algunas fueron buenas, otras la verdad no tanto…En las universidades privadas los profesores ganan muy mal, chauchas y palitos. Los chicos pagan aranceles terribles pero el profesor no gana nada. Los profesores son los perejiles, bajan del 60 mientras los chicos van en unas motos terribles…
Heriberto Urbisaia se recibió de contador en el ´56; escribió la tesis “Estudio estadístico de la Inflación” y en el ´63 recibió el doctorado en Economía. En el ´58 se incorporó a la cátedra de Estadística, entonces dirigida por una verdadera eminencia: Fausto Ismael Toranzos, que fue discípulo de Rey Pastor.
Urbisaia hizo carrera dentro de esa cátedra, de la que fue titular y a la que todavía pertenece como consulto. Durante muchos años, todos los contadores de la UBA pasaron obligatoriamente por su cátedra.
“Me respetaban mucho, yo llegaba a las 7 a dar la clase y ya estaban todos sentados, con sus apuntes. A veces pensaba en el sacrificio que esos chicos hacían para estudiar.
Después estuve en una privada y era otra cosa, todas excepciones, los alumnos se vivían excusando por no haber podido estudiar”, cuenta hoy.
En forma paralela a su carrera en la UBA, Urbisaia formó parte desde el comienzo de la Universidad de Bahía Blanca. “Viajábamos en tren a las 10 de la noche y llegábamos a Bahía como a las 11 de la mañana, aunque más de una vez me quedé dormido, el tren se paraba y te levantabas al otro día en Monte. Las últimas veces fui en avión, pero el sueldo no me alcanzaba para el pasaje”.
-¿Qué consejo le daría hoy a un joven que no sabe que estudiar?
-Hoy los chicos eligen las carreras viendo cuál tiene menos materias, casi no existe la vocación. Igual, si tuviera que aconsejar a alguien no sabría que decirle, porque antes tener un título era asegurarse de que uno iba a tener una vida profesional más o menos buena, y hoy eso no existe. Hay gente que entra a una empresa y puede terminar de presidente, pero también lo pueden echar y no conseguir más trabajo. Hace poco hablaba con tres desocupados, uno era ingeniero, había trabajado en Techint y cuando cerraron su sección se quedó afuera, y nunca más consiguió trabajo. Estaba sobrecapacitado, en todos lados le decían que sabía de más”.
-Las profesiones liberales ya no aseguran un buen pasar…
-Hoy gana más un obrero sindicalizado que un profesional, a veces en la misma empresa, porque es empleado jerárquico. Esto pasa porque tiene que discutir su salario personalmente, mientras que el sindicalizado recibe un 30 por ciento, trabaje o no trabaje. Hoy un empleado bancario gana de ingreso 5.800 pesos; ese sueldo en la facultad no lo gana nadie. Además cuando se producen estos aumentos todos empiezan a pedir lo mismo. Y los salarios tienen un componente social pero también una parte va al costo, entonces está claro que los aumentos de salarios, sobre todo estos que se dan para todo el mundo, tienen un componente inflacionario. Pero decir esto en Argentina parece que es un pecado.
Tuvo alumnos famosos, entre ellos el ex montonero Mario Firmenich, que estudió en la cárcel de Devoto. “Fuimos con Ramón Cereijo, que fue el ministro de Economía de Perón, a tomarle examen a la cárcel, y Firmenich nos recibió con un traje impecable. Me acuerdo que dio un examen excelente”, recuerda hoy.
También pasaron por sus aulas muchos de los economistas más importantes del país, entre ellos Daniel Artana (economista en jefe de FIEL) o José Siaba Serrate, que entre otras cosas es columnista de Ámbito Financiero. “Parece que para tener chapa necesitan irse unos meses al extranjero; hace poco leí una nota en que a muchos les preguntaban qué profesores los habían impresionado, y todos mencionaban a los profesores extranjeros, sólo Siaba Serrate se acordó de los de la UBA”, se queja Heriberto.
En 1952 trabajó en la Comisión Nacional de Precios y Salarios del Ministerio de Hacienda de Perón. “El objetivo era nivelar los precios con los salarios, estudiábamos la inflación etc. Venían los sindicalistas y los capos de la industria a discutir. El mismo verso de los últimos cincuenta años”, bromea, “el argentino no aprende nada de lo que pasó, no evolucionamos nada”. Y ejemplifica: “Mirá lo que pasa con las AFJP, supuestamente se crearon porque el estado metía mano en los fondos de los jubilados. Pero después se cambió el discurso y parece que los que metían la mano eran ellos; ahora otra vez el estado usa los fondos de los jubilados para cualquier cosa… con esa plata van a dar televisores, ¿por qué mejor no les dan un poco más a los jubilados?”
-Usted es experto en econometría, y hasta trabajó en el departamento de estadística del Ministerio de Economía. ¿Qué opinión tiene sobre la polémica sobre el INDEC?
-Me pasé cincuenta años enseñando en la facultad los números índices… si lo que dice Guillermo Moreno es cierto, entonces lo que yo enseñé durante cincuenta años no sirve para nada. El INDEC había llegado a un muy buen nivel, hay libros y libros escritos sobre la metodología del INDEC, la teoría de los números índices está más que estudiada. La máquina funciona bien, el problema son los datos que se le cargan. Lo que pasa es que si se sincera y actualiza el índice de costo de vida habría que hacer un ajuste a los títulos públicos que están apareados a ese índice, y se necesitaría un fangote de guita para pagarles a los tenedores de esos títulos… se desmadró. El otro día le preguntaron a Gonzáles Fraga cómo se arregla lo del INDEC; y yo opino lo mismo: hay que traer a todos los que estaban antes y rajar a todos los que pusieron ahora.
Publicado en la edición impresa de Julio de 2011
LA INFORMACION
 |