Babilonia: audaz estreno
05.07.11. Contrariando el gélido frío y el conservadurismo dominguero, el taller de teatro municipal, presentó la obra “Babilonia” con excelente marco de público. Desde las 17.30 en el Cine Teatro se disfrutó de otra puesta colectiva del grupo que dirige Zully Moreno.

Por J.M.R.
“Babilonia- Una hora entre criados” es un grotesco escrito por Armando Discépolo en la década del 20 que plantea los conflictos del proceso inmigratorio vividos por el país en aquel tiempo, hereda la atmosfera y el tinte dramático de los sainetes criollos, el típico conventillo aquí es un sótano o entrepiso que comunica la cocina y la casa de los criados.
Dos napolitanos, una francesa, cinco españoles (cuatro gallegos y una madrileña), un alemán, una cordobesa y un porteño forman un verdadero conglomerado lingüístico que puede ser todo un objeto de estudio de la época. Los napolitanos, encargados de la cocina, Piccione El Chef (representado por Luis Balbo) y Cacerola pinche (Renzo de Tellería), hablan en “cocoliche”, por lo que la compresión de la letra se dificulta y toma ribetes humorísticos.
Los conflictos entre los criados tornan en diferentes direcciones y sentidos, podríamos decir: la pareja de gallegos trae los problemas matrimoniales y con el dinero, los napolitanos la dignidad y el reconocimiento por el trabajo, el portero, gallego a su vez, monólogos existenciales de índole porteña, mientras que el mucamo Eustaquio (Daniel Loza), un criollo, mantiene con El Chef los diálogos de mayor penetración sociológica. Así el tema del engaño: “En esta tierra no engañás a nadie; nos hacemos los engañaos”, alecciona Eustaquio, y El Chef comprende: “Quien má, quien meno, todo estamo a la parrilla”. Sobrevuela en estos momentos la letra del tango Cambalache –luego utilizada como cierre- escrita poco después por el otro Discépolo, hermano del referido. “En el mismo lodo, todos manoseados…”, cambiable en la pieza teatral por “el mismo guiso”, como dirá el cocinero. Es la misma mezcla, la misma Babilonia que al mucamo le hace ejemplificar: “…la gran galera: mete un ruso quinielero y sale un señor con auto; mete un tarugo con clavos y sale un cavalier de frac” (texto original).
Cuanto sucede en la obra pertenece al drama de esta clase trabajadora, de los propietarios que usufructúan la cocina, los “nuevos ricos”, según se apunta, poco sabemos, pero sus intervenciones aguzan los conflictos y son definitorias en la lectura total del grotesco. Una intriga, un robo preparan el desenlace. Por un momento vemos a Piccione, El Chef, transformarse en el redentor de este orden al enfrentarse al amo; pero una nueva trampa entre los criados, lo vuelve otro signo de interpretación: “Ya no se puede vivir ne con lo de arriba, ne con lo de abajo. Está todo pútrido (…). Nos revolcamo todo en el barro. Hervimos todo nel agua sucia”, dice sobre el final el napolitano.
Felicitaciones a Zully Moreno y a todo el grupo de teatro municipal, por la audacia al revivir este imperecedero fresco argentino de Armando Discépolo. El domingo asistimos a otra prueba de que el arte suele ir más allá de cualquier lectura política o intelectual que podamos hacer de la sociedad.
Personajes
Cavalier Esteban: Carlos Otero; Sra. Emilia: Cristina Torres; La niña Emma: Luciana Leguizamón; El niño Victor: Luciano Calderón; Piccione El Chef: Luis Balbo; Carlota cocinera: Graciela Elvira; Isabel mucama: Pechi Barrientos; José mucamo de comedor: Alejandro Álvarez; Lola mucama: Celina Ballestero; Eustaquio mucamo: Daniel Loza; Alcibiades mucamo: Lucío García Ledesma; China mucama: Elena Navarro; Otto chofer: Mariano Moreno; Secundino portero: Gaby D’Alicandro; Cacerola pinche: Renzo de Tellería.
Ficha técnica
Luz y sonido: Carlos Olivera; Peinados y maquillaje: Mirta Olivera; Armado de escenografía: Cooperativa Cañuelas Trabaja; Musicalización: Pechy Brianza; Colaboración: Beatriz Escalada, Solange Arotcarena, Susana Costa; Colaboración de escenografía: Lenchi Ramos; Dirección general: Zully Moreno.
LA INFORMACION
 |