Informe especial – violencia de género: un tema sobre el que se habla poco y se hace menos

Fernando Abdo

La violencia de género, sobre todo la violencia contra la mujer, es un tema del que se habla poco, o del que directamente no se habla. A pesar de que formamos parte de una sociedad en apariencia progresista y moderna,  algunos temas siguen siendo tabú. La discriminación hacia la mujer, y la violencia doméstica parece ser uno de ellos: hay poca información, los programas y la planificación gubernamental no los tienen en cuenta, y para mucha gente –incluidos los medios de comunicación y hasta algunos sectores del estado- siguen siendo temas que pertenecen a la esfera “privada” o circunscriptos a los estratos sociales más bajos.

Sin embargo, la opinión de los especialistas indica claramente otra cosa.

“Es una de las problemáticas sociales que hoy por hoy se ve en la realidad cotidiana de muchas familias”, dice sin dudar la Lic. Natalia Bonavita, a punto de finalizar su magister en Trabajo Social. Bonavita trabaja actualmente en el Equipo Interdisciplinario Distrital de Infancia y Adolescencia (EDIA) de Cañuelas, que depende del Ministerio de Educación, y a través del cual llega a conocer la problemática de muchas familias cañuelenses. Bonavita no tiene dudas: la violencia de género está fuertemente instalada también en nuestra comunidad.

 “Yo veo una enorme naturalización de la violencia desde la perspectiva de género. Se repite generación tras generación, como modelo aprendido, el lugar descalificado, casi invisible, de la mujer, donde las clases sociales casi no hacen a la diferencia. Conozco casos, varios, más de lo que me gustaría que hubiera porque mi deseo es que no existan. En realidad una colega hace dos años fue atacada brutalmente por su ex pareja... otra que la afectó psicológicamente tanto que estuvo con una larga licencia y más...”, aporta en el mismo sentido la Lic. Mirta Etcheverry, directora del nivel Polimodal del Colegio José Manuel Estrada.

La psicóloga Mariana Olveira, también consultada por La información, coincide plenamente. Y agrega un dato fundamental: “las situaciones de violencia no tienen estatus social. Hay casos en todos los sectores, desde el más pobre hasta el más rico”, afirma.

«El tema está tapado»

Tanto Olveira como Bonavita trabajaron recientemente en la campaña organizada por Encuentro por la Democracia y la Equidad, recolectando firmas para pedir por la instalación urgente de la Comisaría de la Mujer en Cañuelas. Durante la campaña, no sólo confirmaron lo que ya conocían por su tarea profesional, sino que además se sorprendieron por algunas respuestas, que demuestran hasta qué punto en los ámbitos más tradicionales de la comunidad la problemática se oculta o se niega.
“En Máximo Paz, por ejemplo, nadie se negó a firmar; todas las mujeres nos decían que conocían por lo menos un caso de violencia de género, pero en un comercio del centro de Cañuelas nos dijeron que no podían creer que acá hubiera casos de violencia familiar. Nosotras no podíamos creer que nos dijeran eso. Acá en el centro este tema está muy tapado, pero si hacemos un recuento de los casos que conocemos, seguro son más en los sectores medios, en el centro, que en los barrios o los lugares de bajos recursos”, aseguran.

¿Cómo se produce la violencia?

Los expertos aseguran que cuando hay violencia en una pareja, hay una suerte de círculo vicioso, del que es difícil salirse. Por eso es fundamental que funcionen los organismos estatales. La mujer (o a veces el hombre) necesita de una intervención externa que le ponga un freno a esa situación, para que no vuelva a repetirse.

“Hay que hacer hincapié en la promoción y en la prevención, eso es fundamental. Las características propias de la personalidad del violento, del sexo que sea, se puede detectar a tiempo. Generalmente el sujeto violento tiene algún rasgo de perversión, y por lo general consigue una pareja que alimenta esos rasgos. Se tienen que dar las dos características, que uno tenga rasgos agresivos y el otro sea fácil de someter, sino, quizá esos rasgos agresivos no se materializan”, cuenta la Lic. Olveira.

La violencia suele afectar no sólo a la mujer sino al grupo familiar: “A menudo llegan a la escuela muchas madres a conversar sobre la realidad de sus hijos en términos pedagógicos y terminan pidiendo que no se entere el padre ´porque se arma un lío bárbaro´; esto da claras muestras que la figura del padre más que serlo desde los límites es desde la violencia”, dice también Mirta Etcheverry.

Agrega Bonavita: “Hay tres niveles de prevención: primaria, que es antes de que el hecho suceda; secundaria, cuando acaba de ocurrir y todavía el daño no es tan grande; y terciaria, cuando el daño ocurrió y es profundo. En Cañuelas, puede haber instituciones que trabajan el tema, pero desde la política pública no hay prevención en ninguno de los tres niveles. No hay estructura para atender esta problemática”.

Programas que no llegan

En la provincia de Buenos Aires, rige desde el año 2000 una Ley de abordaje de la Violencia Familiar (12.569), que no obstante fue reglamentada recién cinco años después. Si bien el texto de la ley especifica que quienes deben intervenir en estos casos son los Tribunales de Familia, en muchos distritos, como Cañuelas, estos tribunales no existen, razón por la cual los encargados de aplicar la legislación son los juzgados de Paz, muchas veces con criterios distintos respecto de la aplicación de la normativa.
“Las mujeres deben saber que hay leyes que las protegen frente a estas situaciones. Lo que les pasa a la mayoría de las mujeres que han pasado por situaciones de violencia es que se sienten solas, creen que nadie las va a poder entender, suele haber una dependencia económica con respecto al agresor, muchas veces pasa que se sienten avergonzadas, creen que son responsables de esa agresión, por algo que no hacen mal. Es decir que la víctima es doblemente victimizadas. O yo diría triplemente victimizadas, cuando llega a los lugares públicos donde debe canalizar este problema y en lugar de encontrarse con un espacio receptivo, enfrentan el desconocimiento de la gente que debe atenderla, y muchas veces la falta de comprensión y de contención”, manifiesta Natalia Bonavita.

Denuncias que no se hacen

Según el decreto que reglamenta la Ley, “cuando la denuncia sea efectuada en comisaría, deberá ser recepcionada en forma obligatoria, constituya o no delito el hecho denunciado (...) Del mismo modo deberán proceder las unidades funcionales de investigación. Todo ello a los fines de garantizar la debida protección de las víctimas y su grupo familiar mediante las medidas cautelares pertinentes.”

Sin embargo, la realidad parece indicar otra cosa: casi todos los profesionales consultados afirman que en nuestro distrito, “lo habitual” es que cuando una mujer se acerca a la comisaría a radicar una denuncia por maltrato, quienes tienen la obligación de tomar la misma en realidad tratan de disuadirla para que en su lugar efectúen una exposición civil, que es un trámite de menor relevancia que no queda registrado en la estadística oficial, ni genera un expediente, ni obliga a intervenir a la justicia.
“A mí me pasó de tener que acompañar a alguien a la comisaría para que le tomen la denuncia. Fue sola y no se la tomaron, y fue conmigo y sí –relata la psicóloga Mariana Olveira. La exposición civil no sirve para nada. La mujer se lleva una copia a la casa y quizá en un futuro le sirva para dejar sentado un precedente de la situación. Pero eso va a quedar archivado, nadie lo va a mirar, no se va a abrir un expediente, no se va a iniciar una investigación ni se va a dictar una medida precautoria; es decir, no va a pasar nada”, asegura la profesional.

A contramano

Estas prácticas que se dan en lo cotidiano en realidad van en contra de lo que establece la legislación. De hecho, la ley provincial busca priorizar la protección de las víctimas y su grupo familiar. Según el artículo 7°, las medidas que se dicten en este sentido no podrán exceder las 48 horas y enumera las posibilidades que tiene el juez: ordenar la exclusión del presunto autor de la vivienda donde habita el grupo familiar, prohibir el acceso del presunto autor al domicilio del damnificado como a los lugares de trabajo, estudio o esparcimiento del afectado; brindar al agresor y al grupo familiar, asistencia legal, médica y psicológica a través de los organismos públicos y entidades no gubernamentales con formación especializada en la prevención y atención de la violencia familiar y asistencia a la víctima; fijar en forma provisoria cuota alimentaria y tenencia; o cualquier otra medida urgente que estime oportuna para asegurar la custodia y protección de la víctima. En todo caso, entre el conocimiento del hecho hasta la adopción de las medidas no podrá exceder las 48 horas.

Comisaría de la mujer

Todos los especialistas coinciden en que si bien hay distintos niveles de solución, lo más urgente es conseguir que se instale en Cañuelas una Comisaría de la Mujer.

“Las comisarías de la mujer se crearon con equipos técnicos específicos para atender este tipo de denuncias –explica Bonavita. Lo que suele pasar es que la mujer llega a la comisaría y debe enfrentarse a un hombre, y lo que recibe es la sugerencia de que no penalice el caso, de que en lugar de hacer una denuncia haga una exposición civil, en otros casos peores se encuentran con un prejuicio, el ´qué hiciste para que tu marido te pegue”

El mecanismo por el cual se crean las comisarías de la mujer es el siguiente: el Ministerio de Seguridad se hace cargo de los recursos para el funcionamiento de los equipos interdisciplinarios, y el municipio debe alquilar el lugar para que funcione. En Cañuelas, pese a que muchas veces se prometió, la llegada de un organismo tan necesario sigue siendo una quimera.

Recientemente, por medio de la mesa de la Mujer del EDE, se recolectaron unas 600 firmas para pedir por la llegada de la comisaría de la Mujer. Pero no fue el único intento: “Hace dos años juntamos más de 500 firmas con los DNI correspondientes para que se gestionara desde las esferas más altas la comisaría de la mujer en Cañuelas. Aún no tuvimos respuesta. Las mujeres víctimas de violencia deben ir a La Plata, y vuelven a ser víctimas porque hay un costo de tiempo, económico y moral, y muchas veces hay ejercicio de violencia económica donde la señora NO maneja dinero ni autorización para viajar”, agrega Etcheverry.

“Hace falta algo acá”

Pero no es la única falencia: “Este municipio no tiene secretaría de género. Y es muy difícil atender este problema si no existe un área específica para atender el problema -dice Bonavita. Al no haber estadísticas, lamentablemente uno habla desde la percepción, la mía es que en Cañuelas tenemos muchos casos de violencia familiar. Es una problemática extendida y en todos los niveles. Si estuvieran los organismos necesarios para atender esta problemática, todos podríamos trabajar mucho mejor sobre este tema, sobre todo en los distintos niveles de prevención”, agrega.

“Hace falta que ya se gestione algo acá. Hay muchos casos. Y tiene que funcionar en forma interdisciplinar, porque lo que necesitan es un fortalecimiento psicológico y legal. Pero el área de psicología del Hospital no da turnos inmediatos, son para tres meses o más y el deterioro moral no puede esperar ese tiempo. Se resquebraja toda la familia cuando existe en su seno la  violencia, que va más allá de la física, está la psicológica, la económica, la social, etc.”, coincide Etcheverry.
Y agrega un concepto más que interesante, el del “deber moral” de pelear por quienes tienen sus derechos vulnerados: “Las que tuvimos el derecho de ser respetadas, que elegimos qué estudiar, cuándo y con quién constituir una familia, no podemos olvidarnos de aquellas donde ese derecho no lo conocen. Tenemos la obligación moral de luchar para abrir cabezas y que se fortalezcan para ser ellas mismas”, finaliza.

 

LA INFORMACION

Notas vinculadas:

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