La oposición y su laberinto
FERNANDO ABDO / ¿Por qué los dirigentes opositores permanecen inmutables mientras a través de una red de comunicadores oficiales el gobierno instala la idea de que antes no se hizo nada como si fuese una máxima irrefutable?
Cualquier análisis que intente una mínima aproximación respecto del escenario electoral de octubre en Cañuelas, debería comenzar con una simple pero crucial pregunta: ¿es imbatible Gustavo Arrieta?
En principio, los números indican que no. El actual intendente resultó electo en el 2007 con alrededor del 30 por ciento de los votos, el menor porcentaje histórico desde el retorno de la democracia. Dos años después, en pleno ejercicio del poder, con un aparato oficial sin precedentes desplegado a su favor y con su esposa, la carismática Marisa Fassi como candidata principal, la lista del oficialismo consiguió trepar al 37 por ciento. Seis de cada diez votantes no lo eligieron.
Cierto es que para el 2011 Arrieta llega más fortalecido. Así como la sociedad le dio en el 2009 la espalda a Néstor Kirchner –lo que a nivel local se tradujo en un ascenso de los ignotos Ernesto Daher y Juan Cruz Irigoyen, que consiguieron bancas en el Concejo Deliberante gracias al arrastre de Francisco De Narváez- hoy la opinión pública coloca a la presidenta Cristina Kirchner al tope de la preferencia electoral, lo que sin dudas favorecerá al intendente en su búsqueda de la reelección o a su esposa si es que Arrieta se ubica en una lista legislativa nacional o provincial. No hay otras opciones en el oficialismo local.
Pero más allá de lo que ocurra con las elecciones nacionales, está claro que el oficialismo viene ganando por varios cuerpos otra batalla: esa que se libra en el plano simbólico, sobre todo a través de los medios.
Si en algo ha tenido éxito el gobierno de Arrieta ha sido en instalar en la opinión pública la idea de que la actual es la mejor gestión desde el ‘83: la más ordenada, la que prestó mejores servicios, y –sobre todo- la que más obra pública consiguió.
Que se entienda: Arrieta ha hecho méritos para que su gestión sea considerada altamente positiva en muchos aspectos, sobre todo en cuanto tiene que ver con la inversión en maquinarias y vehículos y en la gestión de obra pública nacional y provincial (mejoras en accesos, recuperación de espacios públicos, la sala de maternidad en el Hospital, el edificio de la Escuela Media 2, son algunos ejemplos de ello).
Lo que no es cierto es que –como escribió un pseudo periodista en un portal oficialista recientemente- “antes de Marisa y Gustavo, la gestión para la obra pública era prácticamente nula”.
Exceptuando al último gobierno de Rivarola -que nació radical y terminó kirchnerista, sostenido económicamente por el gobierno del por enconces hiper K Felipe Solá- todas las otras gestiones radicales hicieron obras.
Rizzi, por ejemplo, condujo el municipio en el marco de la crisis más aguda de la historia argentina. En momentos en que en todo el país los intendentes eran eyectados de sus sillas por los incendios de las economías municipales, en Cañuelas se adoptó una política de ajuste que dejó una economía saneada y en equilibrio. Y hasta se dio el lujo de hacer obras con recursos municipales: la sala de guardia del Hospital, el Parque de la Salud, la terminal de ómnibus, la repavimentación de Del Carmen, las plazas de Los Aromos y La Verónica, algunas cuadras de asfalto de hormigón en Máximo Paz, el nuevo corralón municipal. Hoy tal vez parezca poco. Hay que verlo a la luz de lo que fueron los años 2001 – 2003, con un gobierno provincial que estuvo hasta seis meses sin enviar los fondos de coparticipación, y sin aumentos en el valor de las tasas.
Las mencionadas fueron las últimas obras realizadas en Cañuelas con recursos propios. Del 2003 hasta hoy (si, hasta hoy) el municipio no volvió a concretar una sola obra pública con dinero de las tasas municipales.
Yendo más atrás todavía: durante la gestión de Rivarola (1996 – 1999) se realizaron en el partido más de 60 cuadras de pavimento de hormigón.
Durante los años en que el radicalismo gobernó Cañuelas prácticamente se construyó toda la infraestructura que hoy existe: el sistema de agua corriente y cloacas, el asfalto, la iluminación, escuelas, jardines de infantes, obras viales; algunas con recursos propios del municipio, otras con aportes de la Provincia y la Nación gestionados por los intendentes de turno.
¿Por qué entonces la oposición no lo dice? ¿Por qué permanece inmutable mientras a través de una red de comunicadores oficiales el gobierno instala la idea de que antes no se hizo nada como si fuese una máxima irrefutable?
Mientras el gobierno teje un esquema cada vez más complejo y efectivo de militantes rentados y fortalece al mismo tiempo cada vez más su amplia red de comunicadores y medios, los referentes de la oposición parecen concentrados en sí mismos, calculando los espacios a negociar en las listas y mirando su propio ombligo. Algunos ya iniciaron su clásico derrotero por los medios, subiendo y bajando candidatos y condicionando posibles acuerdos a los nombres y los lugares que consigan en las boletas.
Hace dos años el oficialismo consiguió el 37 por ciento de los votos. Es muy probable que ahora consiga varios puntos más. Aún así, habrá un porcentaje alto de cañuelenses que no acompañen al gobierno. Que no coincidan, que no estén de acuerdo.
El pueblo es soberano. Los que votan por el oficialismo tienen claro por qué lo hacen. Y probablemente quienes no voten por el oficialismo también sepan por qué. Quienes tal vez no logren interpretar ese mensaje sean los dirigentes opositores.
Dicen que la única forma de salir de los laberintos es por arriba. Sin embargo, Teseo consiguió escapar del laberinto de Midas desandando un ovillo. Tal vez la oposición, si de verdad quiere encontrar un rumbo, deba también mirar lo que otros hicieron antes.
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