A propósito de la salud
Columnista invitado: Dr. Walter Bayarri.
En nuestro medio, el hablar de salud a nivel político, institucional, y como problema a tratar junto con otros que hacen meramente a políticas estratégicas de estado, pareciera que en vez de hablar de salud se tratase o se hablara de una enfermedad.
Creo que la hipocresía de aquellos que han mantenido el poder, no sólo en los últimos años sino en las últimas décadas, sin una mirada social y solidaria sobre el asunto, el despotismo, el nepotismo o amiguismo y el emparche de situaciones sanitarias graves y al límite, han jaqueado todo intento de desallanar eventualmente cualquier sistema de salud. Ni siquiera podríamos hablar de sistema sanitario –ni en Cañuelas ni en el país- puesto que no califica para que lo sea.
Un somero análisis o algo de situación nos pondría al tanto de qué es lo que pasa. ¿Por qué no estamos conformes con el área de salud? Tenemos los sectores de trabajadores de la salud que siguen reclamando urgentemente por lo que les corresponde y no se les otorga. Puede argumentarse lo que se quiera e interpretar las leyes vigentes como quieran las autoridades de turno, pero se está poniendo en juego la vida de tantos. ¿No se dan cuenta? ¿Cuánto vale una vida?
Creo fehacientemente que uno de los caminos a recorrer desde el escalafón mandatario organizativo tiene que ver con la continuidad y calidad de las políticas en salud, así como la correcta asignación de recursos, creando una eficiente gestión de salud pública. Que no nos vengan a correr con números y estadísticas que utilizan como herramienta de justificación para decir que está todo bien y en orden. Estadísticas que no se aplican a la práctica preventiva en sí, números, cuando en realidad tratamos gente, personas con nombre y apellido, y familia. Yo sólo palpo una parte, que es el sector que acude humildemente a este médico para satisfacer una contención que no se les brindó donde se debiera haber brindado.
Después que me vengan a hablar de equidad, solidaridad, eficacia, y eficiencia, por favor… Qué sentimiento de impotencia uno siente al ver cómo se pelean pobres contra pobres por una porción de supervivencia, y que no son más que peones movidos desde las distintas áreas de poder por no poder evitar lo que se viene. Porque estos sucesos son sólo la punta de iceberg de la crisis social en un distrito, en un país en que no debiera –por su potencial y si fuera manejado como corresponde- existir crisis alguna. Vergonzante.
Todos tenemos nuestra porción de responsabilidad en este drama donde los protagonistas somos víctimas y victimarios, y cada uno trata de prevalecer sobre el otro en función de detentar poder y mantener su “quintita”. ¿Cuándo vamos a razonar desde el enjambre y no desde el individualismo?
Ahora bien, todo lo expuesto anteriormente y mucho más que no podría por cuestiones de tiempo y espacio (haría falta un libro) hacen pensar en qué salida exitosa necesitamos para mantener un sistema de salud digno, más aún teniendo en cuenta que el sector privado también es castigado y que en nuestro caso se cerró el único centro de internación privada que existía.
Mi propuesta es simple, pero tal vez difícil de llevar a cabo si no existe voluntad consensuada de hacerlo, si siempre se terminan imponiendo los intereses de los poderosos. Ojo, no hablo sólo de la oligarquía que manejó muchos piolines durante añares a su conveniencia, sino de los gobernantes de turno, que ahora disfrazan la cosa de cooperativismo solidario y otros planes de rescate social, y hasta compran gente. Y la gente, en su incertidumbre, en su necesidad, se deja comprar. Total, es lo mismo. Para qué luchar, ¿no? Es más fácil ir a un acto, aplaudir y hacer bulto en apoyo de las palabras huecas que nos dicen en discursos bien armados, y ganando una moneda seguir mañana ya no en la pobreza, sino en lo que es peor, la miseria, que se transformó en generacional.
Los planes sociales –con diferentes nombres- debieron servir como nexo a una Argentina diez veces más productiva de lo que es actualmente. Ya no deberíamos tener pobres, ya no deberíamos seguir en el reinado de la mediocridad, muy conveniente a algunos e invisible para otros pobres cortos de vista, que creen que apoyando el sistema o el aparato hacen bien.
¡En fin! Hablar de salud implica todo el universo social, todo el espectro de la comunidad. Se debe desde tener un sistema sanitario que funcione a nivel médico asistencial, hasta contar con una plata de tratamiento de efluentes cloacales, una de tratamiento de residuos sólidos urbanos, o controlar que en la zona rural todos tengan el mismo derecho y accesibilidad a los servicios del Estado, como Salud, Cultura, Educación, trabajo y salarios dignos. Todo habla de salud, desde lo psíquico a lo somático (cuerpo).
Ahora bien, la propuesta es el desarrollo de un eje sanitario sólido, con compromiso real consensuando desde todos los sectores oficialistas y opositores, así como desde el mismo pueblo independiente, sin categorización ideológica pero con pensamientos propios que enriquezcan y fortalezcan el FUTURO SISTEMA SANITARIO.
Creo que ya hace tiempo está comprobado que únicamente con un sistema de desarrollo primario de la salud (prevención con médicos tomados en base a las estadísticas bien usadas, desde vacunas hasta higiene, desde puericultura hasta un lugar digno en que vivir).
Tenemos para el distrito pocos centros de atención primaria de la salud; Cañuelas ha crecido, y los barrios en general deben acudir indudablemente al hospital, eje principal de tratamientos y acciones secundarias en salud, desbordado por momentos. El hospital se mueve esencialmente por la guardia (es hospital de agudos) y el servicio materno infantil, permanentemente emparchado para acomodarse a la situación. Así y todo hay una gran cantidad de pacientes que huyen, teniendo la posibilidad, a centros de mayor infraestructura o especialización (generalmente en La Plata o Buenos Aires).
Se debería concebir un eficiente sistema de orden primario, y un fuerte lugar de triple orden: primario (consultorios externos, auditorio para educación en salud, emergentología, etc), secundario (diagnóstico y tratamiento, internación y traslados) y terciario (rehabilitación).
Este último sitio sería el hospital, pero hay que darle los recursos que se merece -en este caso sustentarlo fuertemente con insumos suficientes y sueldos dignos- y hacer que los trabajadores de la salud entiendan de trabajar con amor, comprensión y no creyéndose que tienen una cuota de poder porque sepan más o pretendan parecerlo (cuántas veces escuchamos “el doctor soy yo, señora”). Habrá alguna situación que merece ser manejada a pulso firme, pero en general, ¿cuántas veces realmente nos damos tiempo para escuchar al que sufre?, ¿y cuántas veces nos sumergimos en la abulia de tomar mate en el fondo porque sino es tiempo perdido?
Habría que hacer cursillos de “relaciones públicas” para que el personal trate con el público. Reforzar en tiempos y calidad la atención en consultorios externos. Tratar a todos los que necesitan ser tratados para que no obstruyan luego el área de emergencias, ya que si no son tratados en consultorios terminan en la guardia. Si son urgencias en sí, entonces chocan con la “mala onda” de quien se digne a atenderlos cuando en realidad tendrían que ser drenados en su consulta por el sistema primario, y así volvemos otra vez al comienzo.
El cimiento de la Salud Pública debe ser un eficiente sistema de medicina primaria. Incluso bajaría los costos en general, ya que cuesta mucho más tener en tratamiento cualquier internado que tratar en forma eficaz cualquier ambulatorio y evitar que el paciente empeore.
Todo esto debería estar plasmado en un proyecto de plan integral de salud pública. Ya se ha intentado, pero no hubo decisión política en su momento (gestión Rivarola, 1998) de llevarlo adelante. En aquellos y en estos momentos, creo –insisto, creo- que poco parece importar contar con un nivel adecuado de salud.
Claro, tal vez en un país más productivo, sí sería conveniente que cada miembro de la sociedad estuviera más sano, para que rindiera más el PBI. La situación es triste pero se puede revertir. Con consenso. Así como se habló de un “presupuesto participativo” alguna vez (aunque se participó poco) se debiera hablar de salud consensuada para ahora y por lo menos dos generaciones más.
Con el firme compromiso de llevar adelante políticas de estado con continuidad y sustentabilidad que equilibren un poco esta debacle.
Los sanos y los enfermos esperan.
Dr. Walter Bayarri
Es Médico Pediatra. Es concejal bloque GEN. Fue director del hospital Marzetti y subsecretario de Salud
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