Ludoteca de Máximo Paz: Cuando el juego y el arte cubren otras necesidades
En las espaciosas habitaciones del Hogar Rivadavia de Máximo Paz, hace aproximadamente dos años funciona una ludoteca. Definida en principio como un espacio donde se estimula el juego y el desarrollo psicosocial, en una localidad que supera los 16 mil habitantes y de escasa infraestructura educativa hace las veces de comedor y contiene solidariamente a más de 150 chicos.

Por Juan Manuel Rizzi
El proyecto de la ludoteca en Máximo Paz se inicia hace alrededor de tres años, cuando un grupo de psicólogos de la escuela de Pichon Riviere de Lomas de Zamora estudian la comunidad y diagnostican para la zona falta de espacios lúdicos y estimulación artística.
En la búsqueda de un espacio surge el Hogar Rivadavia, en ese momento inactivo. Junto también al apoyo de la gente del Hogar se auna la visión de María Rosa Estevez –hoy la encargada principal de la ludoteca- de sumar el concepto de resiliencia, que es la capacidad de las personas para superar situaciones traumáticas, salir fortalecido y potenciar lo mejor de sí mismo, en este caso a través del arte y el juego.
María Rosa Estevez, técnica en minoridad y alumna del Centro Internacional de Resiliencia en Lanús, es la que orienta un poco toda la amalgama de actividades en la que las madres de los chicos tienen un papel fundamental, haciendo la merienda y cocinando para eventos especiales.
La ludoteca de Máximo Paz recibe el apoyo de la Asociación Civil sin fines de lucro llamada Potencialidades, que ya tiene varias ludotecas dispersas por el país que trabajar directamente sobre las necesidades de cada uno y con la comunidad en particular.
Potencialidades entrega mensualmente a cada madre involucrada 300 pesos, ayuda con la que ellas pueden organizar y comprar la comida necesaria.
La ludoteca en este momento recibe 150 niños, durante el ciclo lectivo los sábados, y en vacaciones de invierno y verano todos lo días. María Rosa nos cuenta que cuando no abren tienen a los chicos esperando afuera, tal es la energía que se creó en el lugar, donde las chicas –y vimos que también los chicos- bailan, cocinan, hacen teatro, participan en “concursos” de pintura y en definitiva juegan, en una de las salas destinada sólo para eso.
María Rosa recuerda que al principio no se acostumbraban a compartir los juguetes, dadas las necesida- des que viven a diario, y se los metían en los bolsillos y llevaban a la casa para los hermanos o el miedo a perderlos, pero una vez que entienden que pueden tenerlos todos en el mismo lugar disfrutan del juego y lo hacen con los otros chicos.
No son solamente las madres y María Rosa quienes integran desin-teresadamente este espacio comunitario, también reciben la ayuda de cerca de sesenta personas, entre artistas, estudiantes y maestras de Máximo Paz, Cañuelas y otros sitios. Cuando los visitamos conocimos a muchas de ellas, que no quisieron ser nombradas.
Hoy la ludoteca en el Hogar Rivadavia reancon-diciona su lugar de deportes, los nenes se preparan para practicar fútbol y básquet.
La realidad indica que Máximo Paz ha tenido un crecimiento desmesurado en los últimos años, y que ni los jardines ni las escuelas poseen espacios recreativos suficientes, amén de cuando hay cupo para estudiar. La citada ONG Potencialidades examina abrir ludotecas en otros barrios de la localidad, por ejemplo La Torre, Máximo Paz oeste o San Carlos.

Publicado en la edición impresa de La información de agosto de 2010
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