Tiempos difíciles

FERNANDO ABDO

02.05.10. Este lunes 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, un tema sobre el cual vale la pena reflexionar, en momentos en que desde el gobierno y los grupos que le son afines, se intenta relativizar un derecho esencial para el funcionamiento de la democracia.

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." (Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)

La libertad de prensa hoy está amenazada en la Argentina. Un derecho reconocido internacionalmente, en nuestro país es víctima de un ataque sistemático por parte de un gobierno que claramente ha identificado a algunos medios como “el enemigo”, y no ha tenido empacho en señalar individualmente a periodistas críticos como “blanco” de una campaña que después se ha reproducido entre fanáticos mediante la aparición de afiches anónimos o el escarnio público a través de “juicios populares”.

Todo este proceso fogoneado en forma permanente a través de los medios estatales, que sin ningún tipo de miramientos son utilizados como plataforma de propaganda política, cuando no como “picota virtual” de políticos opositores y periodistas críticos.

No hace falta decir lo peligroso que puede resultar este juego.

Aún cuando las argumentaciones del gobierno puedan no carecer en algunos casos de razón, el método elegido para exponer las diferencias sólo puede derivar en un clima de violencia, violencia destinada a amedrentar a quienes de forma legítima y honesta ejercen el derecho a expresarse de manera crítica, sin que por esto sean destituyentes, respondan a intereses espúreos o sean funcionales a los sectores más reaccionarios de “la derecha” de la que supuestamente el gobierno se halla en las antípodas (y digo supuestamente, porque existen sobrados ejemplos de connivencia entre el kirchnerismo y algunos de los empresarios mediáticos más emblemáticos de los noventa neoliberales).

En Cañuelas, no estamos mucho mejor.

El gobierno local se ha asegurado un discurso mediático uniforme, prácticamente monopolizando la opinión política. Los referentes de la oposición se quejan por lo bajo del poco espacio que les dedican los medios, pero no hacen públicas esas quejas por temor a perder los pocos segundos de aire que la radio y la televisión local les dedican.

Ese objetivo se consigue, claro, gracias a un formidable incremento en la pauta publicitaria oficial, que además se distribuye de forma completamente arbitraria, en detrimento de críticos y díscolos, y a favor de amigos dóciles y operadores descarados.

El acceso a la información -materia prima indispensable para que el periodismo pueda hacer su trabajo- tampoco es irrestricto y equilibrado. Se difunde sólo lo que el gobierno quiere, y se niega la información incómoda, incluso violando las ordenanzas y normas legales vigentes en la materia. El área de Prensa –una de las más superpobladas del municipio- no cumple con brindar la información solicitada si es que la misma puede ser perjudicial para el gobierno, y a menudo “se olvida” de invitar, al menos a este medio, a los actos públicos más importantes, generalmente a los que cuentan con la visita de algún funcionario de la órbita provincial o nacional.

Ni que hablar de la página web del municipio, únicamente destinada a difundir propaganda, y que prácticamente no contiene información pública de interés, como decretos, declaraciones juradas de los funcionarios, padrones de sueldos, balances, etc.

Las dificultades, lamentablemente no terminan ahí. Quienes hacemos La información también hemos sido a menudo blanco de otros ataques, como los “cantitos” de piqueteros rentados liderados por algún funcionario municipal, o la desmesurada crítica de algún concejal oficialista que arremetió desde su banca contra el medio.

En todos los casos la lógica es la misma: se ataca a quien hace la crítica, para evitar responder a temas incómodos. Siempre es más fácil intentar deslegitimar al emisor, acusándolo de responder a intereses (políticos, económicos, personales, etc.) que tratar con una prensa crítica e independiente.

Sirva esta fecha en particular para reflexionar sobre un derecho humano esencial, como es la Libertad de Prensa. Sirva para los mismos periodistas, que tienen la responsabilidad moral de oponerse a estas embestidas para defender la esencia misma de la profesión. Sirva para los gobernantes y los dirigentes de todos los sectores, que deber hacer un intento de salirse de la lógica “amigo-enemigo” que parece hoy en día dominar el escenario político. Ese maniqueísmo no construye, no posibilita el disenso y la sana polémica, y reduce el ejercicio democrático al encolumnamiento sistemático en uno u otro grupo.

Aún con sus errores, hace falta una prensa que actúe como contrapoder. Aún con sus limitaciones, sus prejuicios y aún a riesgo de que junto a periodistas honestos convivan canallas y mercenarios, hace falta periodismo independiente.

Sin una prensa fuerte no hay democracia.

 

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