Entre mariposas y calaveras

María Ferro es una de las primeras mujeres del país en desarrollar el arte del tatuaje. A poco de mudarse a  un nuevo local soñado, habló con La información sobre el universo tattoo: el origen, lo “heavy”, lo masculino y sectario, el arte, lo profundo y la moda en los jóvenes de hoy.

Por Juan Manuel Rizzi

-¿Qué nos podés decir acerca del origen del tatuaje en las diferentes culturas?
-El tatuaje está en el principio de los tiempos junto al hombre. Se cree que los primeros tatuajes se empezaron a usar en la Polinesia, y cada pueblo, cada tribu utilizaba los tatuajes con distintos fines. Había culturas que lo utilizaban como símbolo de guerra para aterrorizar a los enemigos, otros para convocar a los espíritus y que sean fuente de protección. En otras islas, como en Borneo, donde los tatuajes eran bellísimos, los utilizaban nada más que con fines estéticos. Aún hoy hay un símbolo que se llama la flor de Borneo o estrella de Borneo, que es el símbolo internacional del tatuaje.

-Tiene múltiples sentidos por lo que se ve, como ocurre con el arte en general.
-Múltiples sentidos en múltiples culturas. Como te decía en nuestra cultura los varones nunca se tatuarían mariposas en zonas visibles, y en las montañas de Yunnan en China todos los hombres y mujeres se tatuan mariposas en la cara porque va a ser el medio para que su alma llegue al paraíso. Hay creencias muy bonitas.

-¿Vos cómo empezaste a meterte en este mundo?
-Empecé de grande, sí de joven concurría mucho a moto-encuentros y me quedaba mirando tatuajes, gente que tatuaba. En ese entonces yo pintaba nada más, me llevó varios años de maduración darme cuenta de lo que quería. Y en el año 2001 compré mi primer equipo contra el mundo, en aquel momento no era muy común que una mujer tatuara, medio como que me echaban, no me daban mucha bolilla. Hasta que llegué a un local de Lavalle y Florida donde me atendieron bien y me vendieron el equipo; yo al principio no dije que era para mí, y después el tipo me miró muy mal y dijo “qué se te dio por tatuar”.

-Quiere decir que hace sólo diez años el círculo era bastante sectario, y a la mujer como en otros lugares le costó mucho ingresar.
-Los tatuadores eran pocos y era muy heavy. En ese entonces creo que había nada más que dos chicas que tatuaban en todo el país. Pero bueno, ese mismo que me dijo “qué se te dio por tatuar” fue el que enseñó. Era un local muy heavy, donde las cosas eran blancas o negras, no había grises.

-¿Y qué atrajo a vos personalmente del tatuaje como arte?
-Antes yo pintaba todo lo que venía: muebles, puertas, pero me pasaba que dejaba todo sin terminar. Por eso yo me quedaba mirando a los que tatuaban, porque era como llevar el arte a través de todo la vida y a todos los lugares donde fueran, era un arte que se mostraba a todas las personas con que el tatuado se vinculaba. Era un arte vivo.

-Tenés una atracción especial por las calaveras, algo que debe provenir de los tatuajes. ¿Qué es lo significativo para vos de ellas?
-En el local que empecé las calaveras eran casi sagradas, y cuando yo preguntaba me contaban muchas historias. La calaveras, sobre todo en la época medieval y luego de los piratas, se utilizaban como “cuidado, acá hay peligro, no se metan conmigo”. Y otra vez que alguien me preguntó “por qué pintás calaveras, que es muerte”, yo consulté a mi maestro, que se jactaba de hacer las mejores calaveras. Y exactamente, desde los primeros tatuadores, significa amor después de la muerte, la eternidad, lo que queda de uno. A mí me gusta cuando pinto o tatuo calaveras que esa imagen impacte, que diga algo. Una vez, un profesor de pintura que tengo, me dijo: los huesos no hablan, pero estos huesos sí hablan…

-¿Quién? ¿Rodolfo?
-Sí, Morfese…(risas calladas, tatuadas por dentro). A mí, desde lo más profundo, me da la impresión que las “kalakas” como las llamamos los tatuadores, se están riendo de la muerte, van más allá…

“Una calavera puede ser maligna, mística, horripilante o meláncolica. Yo las prefiero misteriosas y con actitud. Fuertes, violentas, rockeras. Además, representan un constante memorándum  de nuestra frágil existencia”. (María Ferro, de un libro inédito que alguna vez piensa publicar).

-Con respecto al tatuaje y a los piercings cuando se vuelven una moda, como sucede en la actualidad, ¿qué opinión tenés?
-En relación al tatuaje yo siempre digo que es una actividad de adultos, no de jóvenes. Aros coloco, no me gustan mucho, pero lo hago y bien. La ley indica que para los tatuajes los menores de 18 deben venir acompañados y con el consen- timiento de un mayor. A mí personalmente me fastidia bastante hacer tatuajes en chicos, aunque tengan permiso. Y quien se lo haga por moda seguramente al año se va a cansar, el tatuaje es algo muy personal, muy de uno y para enamorarse de él con el tiempo. Hoy en día existe una máquina para borrarlos, yo tengo una de última generación, aunque borrar un tatuaje es como borrar errores del pasado. Y además yo no estoy para convencer a la gente de que se tatue, cuando alguien tiene dudas le digo “andá a tu a casa y pensalo”, he tenido problemas en locales que eran muy comerciales por esto.

-¿Creés que sos la primera en tatuar en Cañuelas, entre hombres y mujeres?
-No, honor indica que no. Creo que en Cañuelas el primero fue Hernán García Ledesma, y después antes que yo estuvieron Mauro Young y Leo Penna, que viene a tatuar a mi local y espero me acompañe en el verano.

María a la brevedad se mudará a un nuevo local más amplio a metros del actual en Del Carmen 631, será la posibilidad de cumplir un sueño de años de inspiración y trabajo. Y la oportunidad para los cañuelenses de tener a pocas cuadras de casa a algunos de los mejores tatuadores del país que la visitarán cada tanto, además de a María y sus delicadas creaciones.

(Publicado en la edición impresa de Julio de 2010)

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